Qué gran verdad escribí hoy justo hace un año. Que, aunque por aquel entonces sentía usurpador al 2013, tal día como hoy lo iba a sentir tan mío que el 2014 no querría que llegase. Y es tal y como me siento hoy. No es que no quiero que el 2014 no llegue, vamos a ver. Es que el 2013 ha sido un año en el que han cambiado tantas cosas y otras tantas han permanecido, que es realmente el año en que me he dado cuenta de quién está de paso y quién para quedarse. Me quedan muchas personas que conocer y muchos lugares que recorrer, o, al menos, eso espero; pero este 2013 ha sabido enseñarme muchísimas cosas.
Es la primera Nochevieja que voy a pasar en León. La primera. Parece mentira, pero la primera. El año pasado a estas horas, estaría en Palencia, nervioso por la llegada del nuevo año..., ese nuevo año que hoy ya es viejo y apenas podrá acompañar a las agujas del reloj tres horas más. Solo tres horas más. Y, después de tres horas, ya será 2014 y el 2013 no volverá jamás, se irá no sé dónde y no volveremos a verlo. Podremos recordarlo con más o menos cariño, pero no podremos revivirlo: es así.
Este 2013 me ha regalado un diploma de Bachillerato, para el cual he necesitado dos años, en los que he conocido a personas que, ya hoy, son más que imprescindibles a mi lado. Mi Trixie me ha acompañado en este viaje de dos años, que lo hemos terminado creando un Homenaje a Amable Liñán con el espíritu de la emoción que nos había dejado el Homenaje a Cristóbal Halffter de 2012. Un Homenaje que nos ha costado horas y horas y más viajes, pero todos esos esfuerzos merecieron la pena entonces y hoy, al poder volver la vista atrás y sonreír con emoción.
Me dio una graduación inmejorable, tal y como me la imaginaba de perfecta. Lloros y risas por igual, diversión y pena, nostalgia por abandonar una de las etapas más felices de nuestra vida, una que recordaremos hasta cuando las arrugas campen a sus anchas por nuestros rostros.
Nos dio un achuchón bien fuerte con la selectividad, pero comprobamos que no hay nada de lo que no se pueda salir airoso, algunos más y otros menos. Con nuestras notas hicimos cálculos, nosotros y las universidades, y finalmente cada uno se fue donde quería o donde le dejaban. El verano se pasó en un auténtico vuelo, con Lili, con Bea, con María, con Henar, con otras personas... Y llegó septiembre y su inicio de curso. 2013 fue el año que nos llevó a la universidad a la mayoría de los nacidos ene l995. Nervios de primer día. Tensiones. Que se rompieron más tarde y formaron incipientes amistades que hoy caminan ya, queriendo hacerse sólidas.
El otoño voló. Con él, nuevas amistades que no eran tan nuevas, fines de semana surrealistas, estudio, mucho estudio... Y, cuando el otoño se estaba ya apagando, llegaron mis dieciocho. El 2013, el año en que cumplí mi mayoría de edad: esos años en los que uno deja de ser un niño no se olvidan fácilmente. Ahora lo único que queda es caminar hacia adelante para procurarse un buen final. Ya no hay tiempo para las indecisiones y para los: "ya habrá tiempo", porque comenzamos a hacernos adulto y, con ello, el tiempo se pasa mucho más deprisa. Las navidades, algo ajetreadas, más que de costumbre y... ¡PAF! Ya está, llegamos al 31 de diciembre de 2013, aunque pareciese ayer el día 1 de enero de 2013.
Y hoy te digo, 2013, que no tengo más que palabras de agradecimiento para ti. Para mí has sido el mejor año que recuerdo. Has traído estrés, has traído relax, has traído unos dieciocho que aún estoy estrenando, has traído momentos que nunca jamás olvidaré... Pero me has dejado a las personas que me quieren y eso, 2013, es algo que siempre te agradeceré. No quiero que te vayas, pero sé que es absolutamente imposible que te quedes. Ojalá se pudiera hacer una película en la que un niño enamorado de un año le pidiera que se quedara y el año, encantado, aceptase. Qué va. Eso no se puede. Ya estás a punto de perderte entre la bruma del tiempo, y de iniciar tu viaje a otra dimensión donde nosotros no tenemos acceso. Acompañaste a la Tierra en un giro alrededor del gran Sol, y con ello te llevaste a Mandela el día de mi cumpleaños, y a muchas otras célebres personas. Pero, aunque no tenga tanta repercusión, también me trajiste muchas cosas que nunca olvidaré. Gracias, 2013 por ser un año inolvidable en mi vida. Aunque tú tengas que irte, en mí se quedará un trocito de ti para siempre. Pero, hazme un favorcito. Retrasa unos segundos tu huida, y así podremos decir que le ganaste un poco de tiempo al 2014. Nadie lo notará. Solo tú y yo. Hasta siempre, adiós 2013.
martes, 31 de diciembre de 2013
No quiero que te vayas, querido 2013.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Dieciocho ya.
Las primeras letras que escribo como mayor de edad. Y por letras me refiero a un texto premeditadamente concebido para serlo, y no pequeñas oraciones de 140 caracteres. Fue ayer, 5 de diciembre de 2013, cuando los dieciocho entraron en mí sin llamar a la puerta, sin avisar... Estar con mi madre paseando por León, llegar a casa y que haya unas personitas especiales con velas y con una gran sorpresa, mirar el reloj y descubrir que ya son más de las 18:30, que ya pasaron dieciocho años desde que un bisturí me abrió la puerta al mundo en una nevada Rioja. Sin más. Silenciosos. Sin hacerse notar. Cautelosos. Sigilosos. Desplazaron a los moribundos diecisiete sin queja y sin nada más. No me paré a pensar, pero miles de sensaciones y sentimientos cruzaron mi cabeza, mi mente, mi corazón... Velocidades vertiginosas, supersónicas, demasiados pensamientos en muy poco tiempo...
No fue emoción lo que sentí, tampoco orgullo ni egoísmo... Pero mi ya adulto espíritu hizo un rápido repaso por algunas de las cosas que habían formado parte de mi vida. Mi cumpleaños siempre ha estado ligado a la Navidad, época que me encandila. Luces, frío, olor a café por la calle, salones de Isabel II engalanados, Calles Mayores, belenes de la diputación, tías con el cotillón listo, comedias de los primos, hogar... Todos los recuerdos que tengo de pequeño, son recuerdos de hogar. Me siento en casa. Y cuando vuelvo a la misma ciudad y paseo las mismas calles y siento el mismo frío y, mágicamente, vuelve a mi nariz el olor a café, siento un ramalazo de nostalgia y de tiempo pasado que no puede evitar entristecerme. Tantas personas, tantos recuerdos, tantos inviernos y tantos veranos... Tantos amores y desamores, y ninguna consecución de los primeros... Tantas palabras, tantas que dejé escritas y otras tantas que se olvidaron para nunca poder ser recuperadas... Tanto sufrimiento, tanta frustración, tanta dificultad para conseguir cosas... Tantas notas, tantos sonidos, tanto esfuerzo frente a un piano... Tantas horas, tanta dedicación, tanto trabajo para poder haber conseguido un asiento en la universidad... Tantos sentimientos que lancé al aire... Algunos de ellos fueron recogidos de igual forma, naciendo amistades tan bonitas que las palabras solo entorpecerían su visión. Amistades que hoy son imprescindibles, que aun siendo adulto trataré de preservar y hacer crecer como mejor pueda. Otros, en cambio, fueron recogidos de una forma inesperada, y también nacieron amistades... Quizá diferentes, un poco ortopédicas, pero fuertes vínculos que agradezco al fin y al cabo. Los últimos, sin embargo, fueron arrojados al suelo. Esos sentimientos que nadie recogió o me creyeron hacer que habían guardado y que ahora están agonizando en un suelo yermo. No crearon enemistades, pero sí grietas y negruras que no se podrán olvidar.
Es extraño ver la inmensidad de cosas que pasan en dieciocho años. Dieciocho años. ¿Qué son dieciocho años? Para el universo, apenas un suspiro. Para una mariposa, una eternidad. Para un humano... Casi un cuarto de su vida. Al madurar uno ya sabe que la vida es finita, y quizá eso le asuste, le dé rabia, le preocupe al ver cómo pasa el tiempo... Dieciocho años. Toda una evolución desde un recién nacido, pasando por un niño en formación, un adolescente listo para la metamorfosis y, finalmente, un joven adulto que mira al futuro porque su yo pasado dejó de existir para siempre. Es raro. Curioso.
Pasarán otros dieciocho años y entonces cumpliré 36. Espero poder realizar otro análisis. Conservar muchas de las amistades cuyas uniones hoy son férreas. Mirar mis años de universidad con nostalgia y con nuevas caras en las fotos del álbum de mi corazón. Tener experiencias, algunas serán malas porque no nos las podemos quitar, pero otras serán inmejorables, que son las que deberemos recordar. Habrá habido cambio, sí, pero ni parecido al que comenzó en 1995 y ha terminado en 2013. Hoy empiezo, porque empecé hace dieciocho años y empezará en otros tantos.
No fue emoción lo que sentí, tampoco orgullo ni egoísmo... Pero mi ya adulto espíritu hizo un rápido repaso por algunas de las cosas que habían formado parte de mi vida. Mi cumpleaños siempre ha estado ligado a la Navidad, época que me encandila. Luces, frío, olor a café por la calle, salones de Isabel II engalanados, Calles Mayores, belenes de la diputación, tías con el cotillón listo, comedias de los primos, hogar... Todos los recuerdos que tengo de pequeño, son recuerdos de hogar. Me siento en casa. Y cuando vuelvo a la misma ciudad y paseo las mismas calles y siento el mismo frío y, mágicamente, vuelve a mi nariz el olor a café, siento un ramalazo de nostalgia y de tiempo pasado que no puede evitar entristecerme. Tantas personas, tantos recuerdos, tantos inviernos y tantos veranos... Tantos amores y desamores, y ninguna consecución de los primeros... Tantas palabras, tantas que dejé escritas y otras tantas que se olvidaron para nunca poder ser recuperadas... Tanto sufrimiento, tanta frustración, tanta dificultad para conseguir cosas... Tantas notas, tantos sonidos, tanto esfuerzo frente a un piano... Tantas horas, tanta dedicación, tanto trabajo para poder haber conseguido un asiento en la universidad... Tantos sentimientos que lancé al aire... Algunos de ellos fueron recogidos de igual forma, naciendo amistades tan bonitas que las palabras solo entorpecerían su visión. Amistades que hoy son imprescindibles, que aun siendo adulto trataré de preservar y hacer crecer como mejor pueda. Otros, en cambio, fueron recogidos de una forma inesperada, y también nacieron amistades... Quizá diferentes, un poco ortopédicas, pero fuertes vínculos que agradezco al fin y al cabo. Los últimos, sin embargo, fueron arrojados al suelo. Esos sentimientos que nadie recogió o me creyeron hacer que habían guardado y que ahora están agonizando en un suelo yermo. No crearon enemistades, pero sí grietas y negruras que no se podrán olvidar.
Es extraño ver la inmensidad de cosas que pasan en dieciocho años. Dieciocho años. ¿Qué son dieciocho años? Para el universo, apenas un suspiro. Para una mariposa, una eternidad. Para un humano... Casi un cuarto de su vida. Al madurar uno ya sabe que la vida es finita, y quizá eso le asuste, le dé rabia, le preocupe al ver cómo pasa el tiempo... Dieciocho años. Toda una evolución desde un recién nacido, pasando por un niño en formación, un adolescente listo para la metamorfosis y, finalmente, un joven adulto que mira al futuro porque su yo pasado dejó de existir para siempre. Es raro. Curioso.
Pasarán otros dieciocho años y entonces cumpliré 36. Espero poder realizar otro análisis. Conservar muchas de las amistades cuyas uniones hoy son férreas. Mirar mis años de universidad con nostalgia y con nuevas caras en las fotos del álbum de mi corazón. Tener experiencias, algunas serán malas porque no nos las podemos quitar, pero otras serán inmejorables, que son las que deberemos recordar. Habrá habido cambio, sí, pero ni parecido al que comenzó en 1995 y ha terminado en 2013. Hoy empiezo, porque empecé hace dieciocho años y empezará en otros tantos.
lunes, 3 de junio de 2013
Primer pie en el futuro, amparado por el nombre de un escritor salmantino.
Está claro que P-êM no consigue salir de su bache. Pero, como cada vez que vuelvo tras un paréntesis gigantesco, hoy tampoco he venido aquí a hablar de P-êM...
El 31 de mayo de 2013, hace apenas tres días, me gradué. Obtuve la culminación de mi Bachillerato, y se podría decir que ya soy un bachiller, como aquel contra el que Don Quijote se batió en duelo por tierras catalanas. Han sido dos años, dos años que he pasado en los muros de un instituto que lleva por nombre el de un literato de Salamanca, dos años que se me han pasado como dos suspiros en el Juan del Enzina.
En septiembre de 2011, cuando me interné por vez primera en las clases de este instituto que no era desconocido para mí, jamás podría llegar a imaginar lo que me costaría irme dos años después. Venía del Jesús Maestro, un colegio que sigue siendo importante para mí..., pero, siento decirlo, me ha marcado mil veces más el centro de mi tocayo. No quiero desmerecer a ninguno de mis buenos amigos del colegio que vestía de verde y viste de granate, pero el Juan del Enzina me ha regalado cosas sin las que yo, hoy, no sería el mismo Johann Kalinor. Muchas entradas que P-êM tiene han sido gracias a este centro... Pero, sobre todo, muchos recovecos de mi corazón se han calentado gracias a la gente que allí he conocido.
Hay una sandía, una sandía con pepitas que conocí antes, en el Conservatorio. Una sandía que me acompañó un año en clase, y otro estuvo a pocos pasos de la mía. Una sandía rubia y que tiene un amor especial hacia mí como yo lo tengo hacia ella. Una persona que siempre me tendrá a su lado, disfrazado de melón, aunque vengan agostos secos que se empeñen en dejarnos sin una gota de jugo. Sabe que estoy aquí y que estamos unidos por algo mucho más fuerte que cualquier cosa que intente separarlo.
Hay otro chico, un mai frién dicen, que lo fue todo. Sabe de sobra a quién le debe unos cuantos deseillos aún sin cumplir, y sabe también que solo tiene que decirme unos cuantos para que se los realice también.
Una chica que es la vaquera más salvaje y fiera del Oeste, una Jessie que otros llaman pato y que a mí me gusta llamar Paty Patt. Las conversaciones que me ha regalado estos dos años en los que nuestra amistad se ha hecho tan fuerte como el lazo de dos cuerdas de dos vaqueros que se entrelazan mientras cabalgan en el aire, han sido tan reveladoras y tan reconfortantes para mí que no cambiaría ni una coma de los sentimientos que me ha transmitido, aunque hayan sido a las 6:00 de la mañana de vuelta de una fiesta de graduación o tumbados en una cama de Las Lomas hablando bajito. Cualquier momento vivido a su lado ha merecido la pena, y sabe que no hay nadie como ella, que vaya donde vaya en tres meses me tendrá conmigo. Solo hace falta buscar cualquier canción de La Oreja de Van Gogh y darle al play: mi esencia aparecerá junto a los acordes de los donostiarras allá donde ella esté.
Hay otro juguete. Otro muy especial. Tiene forma de dinosaurio, aunque yo sé que por dentro es toda una princesa. Trixie. Fue SuperÁgueda al principio, incluso llegó a ser Águeda Granger. Lo único que sé es que mi vida, con todas sus pequeñas desgracias, ha merecido la pena ser vivida por encontrarme a un ser tan extraordinario como ella, una persona que brilla con luz propia y que me deslumbra sin cegarme para admirar su luz. Sé que es perfecta, y ella también lo sabe. Combinamos nuestra perfección y salen cosas brillantes de esa unión, como homenajes a científicos, guiones de teatro y trabajos de varias asignaturas. No sé por qué extraña razón cada vez que pienso que se va 197 kilómetros lejos de aquí me entran unas ganas de llorar terribles. Es cierto que no compartiré su día a día, que no oiré su risa desenfrenada cuando nos pasen cosas absurdas, que no nos asustaremos cada vez que digamos las mismas palabras al mismo tiempo y coincidamos en cada gesto que queramos hacer, que no llegaré cada lunes a las 8:35 de la mañana para sentarme a su lado... Pero también es cierto que nunca la abandonaré, vaya a Salamanca, a Madrid o al fin del mundo, yo estaré ahí, en alguna parte. Cerrará los ojos y me verá haciendo el ganso como siempre, o contándole una confidencia, diciéndole que me he vuelto a declarar..., pero que por muchas veces que lo haga será ella la que guarde la llave de mi amor verdadero. La forma en que la quiero es más especial que las constelaciones y nos hicimos una promesa: no soltarnos, vivir mil y un momentos de los que aún no tenemos ni un tercio. La vida nos va a juntar muchas más veces de las que nos alejará, ya lo veremos...
No acabo aquí, hay una Barbie rubia y de ojos azules que jamás se ha visto en las fábricas. Compartimos un musical el año pasado que nos hizo reflexionar sobre los dos, hemos hablado y me ha escuchado, nos hemos hecho confidencias bonitas y sinceras. No creo que encuentre en mucho tiempo alguien tan original como ella y espero que jamás me olvide, dondequiera que vaya, porque yo jamás la olvidaré a ella.
Un mago que se escapó de Hogwarts también fue a parar al Juan del Enzina. Se llama Alberto, pero yo sé que su apellido real es Potter. Dice que le redescubrí la Magia, esa Magia que es protagonista de este blog, pero yo sé que es él quien me la inspiró a mí y que por eso le hice redescubrirla. Pocos abrazan como él, y pocos te dedicarán una sonrisa tan sincera como la que él dedica. Es un chico que merece la pena de verdad. De verdad.
Hay frutas que hablan solas, con su fragancia y su frescura. Ese es el caso de la kiwi más especial del mundo, esa que, aparte de hacer que te emociones cuando arranca las notas del piano, sabe dar los besos más sonoros que jamás haya escuchado. Su amor y su sonrisa te enamoran en un abrir y cerrar de ojos y nunca podrás evitarlo, por más que quieras. Si compartes con ella un viaje a Ámsterdam o a cualquier otra ciudad, verás que no miento cuando digo que no hay otra como ella, que es la mejor kiwi del mundo.
Muchas más personas. Una chica que es una Lija, Lagartija, Canija, juega a la Ouija, tendrá Hijas y muchas cosas más. El otro día me acordé de una cosa especial vivida con ella que ahora no soy capaz de volver a traer a mi mente, pero estoy seguro de que alguna vez me acordaré y sonreiré al volver a ver en mi memoria su risa. Me ha regalado muchísimos momentos de relax y de felicidad, y aunque estemos muy lejos y no sepamos ponernos en contacto, yo siempre tendré conectado su corazón a su risa... Una chica que presentó conmigo esta graduación, que se empeñó en hacer que me emocionara con sus poemas, una chica que no sabe lo grande que es porque aún no se ha dado cuenta. Espero con todo mi corazón que llegue muy, muy lejos y que yo pueda felicitarla personalmente cuando logre uno de sus sueños, o todos, que los va a lograr... Mis chicas del colegio, las tres que me han acompañado desde hace mucho. Dos que llevan siendo del A toda la vida, y que seguirán siéndolo en mi corazón. Otra que vino más tarde al Jesús Maestro y que se hizo de la familia. Dos vienen también a teatro conmigo y han hecho que cada viernes me vuelva a sentir en casa, haciendo una de mis pasiones, convirtiéndome en un personaje diferente cada semana. Han hecho que nada cambie entre nosotros, que podamos decirnos mucho en una mirada aun sin hablar a diario. Gracia y Carmen hacen de cada momento absurdo uno con todo el sentido del mundo. Y Helena, claro está, con su sonrisa y su originalidad, y su mano dibujando que ni el mismísimo Dalí. Ellas me han regalado un poco de buena nostalgia.
También hay alguien, o álguienes, más pequeñitos, pero que es imposible que deje de citar concretamente porque en estos últimos meses han sido imprescindibles para mí. Un chico que se apellida en la onomástica, y que hizo de un científico adolescente, me ha traído de vuelta a mi corazón un sentimiento que hacía mucho que no sentía. Le tengo mucho que agradecer, mucha entereza y mucha valentía por su parte de aceptar al verdadero Johann Kalinor, que no se muestra tan desnudo ante todo el mundo. Le debo una incipiente amistad que espero que dure mucho, mucho tiempo. No sabe lo que vale, y espero que deje que yo se lo enesñe... Otro, que fue el decimoquinto en descubrir mi verdadera esencia, mi fondo más profundo. Uno que no es locuaz cara a cara, pero que te escribe y te deja sin palabras diciéndote lo que piensa de ti, las cosas tan bonitas. Jamás pensé que una persona como él pudiera convertirse tan importante para mí en tan poco tiempo, que le dejara explorar toda mi alma y que él me dejara explorar la suya. Sin duda, es una de las personas que no quiero perder en mi vida, y a la que he aprendido a querer en un tiempo récord, récords que nuestra amistad especial de Peu-Decimoquinto romperá y muchos. No hay nada más gratificante que hablar con él de ciertos temas...
Se me escapan miles de personas, estoy seguro. Miles de pequeñas personas que han hecho del Juan del Enzina mi segunda casa, y no miento. Cada vez que pase por allí y ya no pueda atravesar sus muros porque no soy alumno, me entrará una nostalgia de una casa que va pasando de dueño en dueño cada año, cada temporada. Doy las gracias a algunos profesores que me han marcado mucho, y cuyas enseñanzas llevaré impresas en mi alma hasta el día de mi muerte. Doy las gracias a los alumnos que han hecho de cada momento uno especial, y aunque no los haya nombrado aquí, que tengan por seguro que están en mi corazón hoy y siempre... A todos los que he nombrado no existen palabras para definir la tristeza que me da tener que irme de aquí y que otros tengan que irse.
No quiero. Quiero detener el tiempo y seguir viviendo en este ahora. Quiero que todo vuelva. Quiero volver a abrazar a mis compañeros llorando de emoción porque cada uno nos vamos, nos hacemos mayores sin haberlo imaginado, nos abandonamos a un futuro muy incierto. Os quiero. A todos. Os quiero mucho...
Quién me diría a mí que iba a sufrir tanto por este maravilloso Juan del Enzina en septiembre de 2011.
Futuro, ¿estás preparado? Porque entro en ti con sentimientos preciosos gracias a dos años, a dos años amparado por el nombre de un escritor salmantino.
El 31 de mayo de 2013, hace apenas tres días, me gradué. Obtuve la culminación de mi Bachillerato, y se podría decir que ya soy un bachiller, como aquel contra el que Don Quijote se batió en duelo por tierras catalanas. Han sido dos años, dos años que he pasado en los muros de un instituto que lleva por nombre el de un literato de Salamanca, dos años que se me han pasado como dos suspiros en el Juan del Enzina.
En septiembre de 2011, cuando me interné por vez primera en las clases de este instituto que no era desconocido para mí, jamás podría llegar a imaginar lo que me costaría irme dos años después. Venía del Jesús Maestro, un colegio que sigue siendo importante para mí..., pero, siento decirlo, me ha marcado mil veces más el centro de mi tocayo. No quiero desmerecer a ninguno de mis buenos amigos del colegio que vestía de verde y viste de granate, pero el Juan del Enzina me ha regalado cosas sin las que yo, hoy, no sería el mismo Johann Kalinor. Muchas entradas que P-êM tiene han sido gracias a este centro... Pero, sobre todo, muchos recovecos de mi corazón se han calentado gracias a la gente que allí he conocido.
Hay una sandía, una sandía con pepitas que conocí antes, en el Conservatorio. Una sandía que me acompañó un año en clase, y otro estuvo a pocos pasos de la mía. Una sandía rubia y que tiene un amor especial hacia mí como yo lo tengo hacia ella. Una persona que siempre me tendrá a su lado, disfrazado de melón, aunque vengan agostos secos que se empeñen en dejarnos sin una gota de jugo. Sabe que estoy aquí y que estamos unidos por algo mucho más fuerte que cualquier cosa que intente separarlo.
Hay otro chico, un mai frién dicen, que lo fue todo. Sabe de sobra a quién le debe unos cuantos deseillos aún sin cumplir, y sabe también que solo tiene que decirme unos cuantos para que se los realice también.
Una chica que es la vaquera más salvaje y fiera del Oeste, una Jessie que otros llaman pato y que a mí me gusta llamar Paty Patt. Las conversaciones que me ha regalado estos dos años en los que nuestra amistad se ha hecho tan fuerte como el lazo de dos cuerdas de dos vaqueros que se entrelazan mientras cabalgan en el aire, han sido tan reveladoras y tan reconfortantes para mí que no cambiaría ni una coma de los sentimientos que me ha transmitido, aunque hayan sido a las 6:00 de la mañana de vuelta de una fiesta de graduación o tumbados en una cama de Las Lomas hablando bajito. Cualquier momento vivido a su lado ha merecido la pena, y sabe que no hay nadie como ella, que vaya donde vaya en tres meses me tendrá conmigo. Solo hace falta buscar cualquier canción de La Oreja de Van Gogh y darle al play: mi esencia aparecerá junto a los acordes de los donostiarras allá donde ella esté.
Hay otro juguete. Otro muy especial. Tiene forma de dinosaurio, aunque yo sé que por dentro es toda una princesa. Trixie. Fue SuperÁgueda al principio, incluso llegó a ser Águeda Granger. Lo único que sé es que mi vida, con todas sus pequeñas desgracias, ha merecido la pena ser vivida por encontrarme a un ser tan extraordinario como ella, una persona que brilla con luz propia y que me deslumbra sin cegarme para admirar su luz. Sé que es perfecta, y ella también lo sabe. Combinamos nuestra perfección y salen cosas brillantes de esa unión, como homenajes a científicos, guiones de teatro y trabajos de varias asignaturas. No sé por qué extraña razón cada vez que pienso que se va 197 kilómetros lejos de aquí me entran unas ganas de llorar terribles. Es cierto que no compartiré su día a día, que no oiré su risa desenfrenada cuando nos pasen cosas absurdas, que no nos asustaremos cada vez que digamos las mismas palabras al mismo tiempo y coincidamos en cada gesto que queramos hacer, que no llegaré cada lunes a las 8:35 de la mañana para sentarme a su lado... Pero también es cierto que nunca la abandonaré, vaya a Salamanca, a Madrid o al fin del mundo, yo estaré ahí, en alguna parte. Cerrará los ojos y me verá haciendo el ganso como siempre, o contándole una confidencia, diciéndole que me he vuelto a declarar..., pero que por muchas veces que lo haga será ella la que guarde la llave de mi amor verdadero. La forma en que la quiero es más especial que las constelaciones y nos hicimos una promesa: no soltarnos, vivir mil y un momentos de los que aún no tenemos ni un tercio. La vida nos va a juntar muchas más veces de las que nos alejará, ya lo veremos...
No acabo aquí, hay una Barbie rubia y de ojos azules que jamás se ha visto en las fábricas. Compartimos un musical el año pasado que nos hizo reflexionar sobre los dos, hemos hablado y me ha escuchado, nos hemos hecho confidencias bonitas y sinceras. No creo que encuentre en mucho tiempo alguien tan original como ella y espero que jamás me olvide, dondequiera que vaya, porque yo jamás la olvidaré a ella.
Un mago que se escapó de Hogwarts también fue a parar al Juan del Enzina. Se llama Alberto, pero yo sé que su apellido real es Potter. Dice que le redescubrí la Magia, esa Magia que es protagonista de este blog, pero yo sé que es él quien me la inspiró a mí y que por eso le hice redescubrirla. Pocos abrazan como él, y pocos te dedicarán una sonrisa tan sincera como la que él dedica. Es un chico que merece la pena de verdad. De verdad.
Hay frutas que hablan solas, con su fragancia y su frescura. Ese es el caso de la kiwi más especial del mundo, esa que, aparte de hacer que te emociones cuando arranca las notas del piano, sabe dar los besos más sonoros que jamás haya escuchado. Su amor y su sonrisa te enamoran en un abrir y cerrar de ojos y nunca podrás evitarlo, por más que quieras. Si compartes con ella un viaje a Ámsterdam o a cualquier otra ciudad, verás que no miento cuando digo que no hay otra como ella, que es la mejor kiwi del mundo.
Muchas más personas. Una chica que es una Lija, Lagartija, Canija, juega a la Ouija, tendrá Hijas y muchas cosas más. El otro día me acordé de una cosa especial vivida con ella que ahora no soy capaz de volver a traer a mi mente, pero estoy seguro de que alguna vez me acordaré y sonreiré al volver a ver en mi memoria su risa. Me ha regalado muchísimos momentos de relax y de felicidad, y aunque estemos muy lejos y no sepamos ponernos en contacto, yo siempre tendré conectado su corazón a su risa... Una chica que presentó conmigo esta graduación, que se empeñó en hacer que me emocionara con sus poemas, una chica que no sabe lo grande que es porque aún no se ha dado cuenta. Espero con todo mi corazón que llegue muy, muy lejos y que yo pueda felicitarla personalmente cuando logre uno de sus sueños, o todos, que los va a lograr... Mis chicas del colegio, las tres que me han acompañado desde hace mucho. Dos que llevan siendo del A toda la vida, y que seguirán siéndolo en mi corazón. Otra que vino más tarde al Jesús Maestro y que se hizo de la familia. Dos vienen también a teatro conmigo y han hecho que cada viernes me vuelva a sentir en casa, haciendo una de mis pasiones, convirtiéndome en un personaje diferente cada semana. Han hecho que nada cambie entre nosotros, que podamos decirnos mucho en una mirada aun sin hablar a diario. Gracia y Carmen hacen de cada momento absurdo uno con todo el sentido del mundo. Y Helena, claro está, con su sonrisa y su originalidad, y su mano dibujando que ni el mismísimo Dalí. Ellas me han regalado un poco de buena nostalgia.
También hay alguien, o álguienes, más pequeñitos, pero que es imposible que deje de citar concretamente porque en estos últimos meses han sido imprescindibles para mí. Un chico que se apellida en la onomástica, y que hizo de un científico adolescente, me ha traído de vuelta a mi corazón un sentimiento que hacía mucho que no sentía. Le tengo mucho que agradecer, mucha entereza y mucha valentía por su parte de aceptar al verdadero Johann Kalinor, que no se muestra tan desnudo ante todo el mundo. Le debo una incipiente amistad que espero que dure mucho, mucho tiempo. No sabe lo que vale, y espero que deje que yo se lo enesñe... Otro, que fue el decimoquinto en descubrir mi verdadera esencia, mi fondo más profundo. Uno que no es locuaz cara a cara, pero que te escribe y te deja sin palabras diciéndote lo que piensa de ti, las cosas tan bonitas. Jamás pensé que una persona como él pudiera convertirse tan importante para mí en tan poco tiempo, que le dejara explorar toda mi alma y que él me dejara explorar la suya. Sin duda, es una de las personas que no quiero perder en mi vida, y a la que he aprendido a querer en un tiempo récord, récords que nuestra amistad especial de Peu-Decimoquinto romperá y muchos. No hay nada más gratificante que hablar con él de ciertos temas...
Se me escapan miles de personas, estoy seguro. Miles de pequeñas personas que han hecho del Juan del Enzina mi segunda casa, y no miento. Cada vez que pase por allí y ya no pueda atravesar sus muros porque no soy alumno, me entrará una nostalgia de una casa que va pasando de dueño en dueño cada año, cada temporada. Doy las gracias a algunos profesores que me han marcado mucho, y cuyas enseñanzas llevaré impresas en mi alma hasta el día de mi muerte. Doy las gracias a los alumnos que han hecho de cada momento uno especial, y aunque no los haya nombrado aquí, que tengan por seguro que están en mi corazón hoy y siempre... A todos los que he nombrado no existen palabras para definir la tristeza que me da tener que irme de aquí y que otros tengan que irse.
No quiero. Quiero detener el tiempo y seguir viviendo en este ahora. Quiero que todo vuelva. Quiero volver a abrazar a mis compañeros llorando de emoción porque cada uno nos vamos, nos hacemos mayores sin haberlo imaginado, nos abandonamos a un futuro muy incierto. Os quiero. A todos. Os quiero mucho...
Quién me diría a mí que iba a sufrir tanto por este maravilloso Juan del Enzina en septiembre de 2011.
Futuro, ¿estás preparado? Porque entro en ti con sentimientos preciosos gracias a dos años, a dos años amparado por el nombre de un escritor salmantino.
domingo, 24 de marzo de 2013
Trixiecidades.
Está visto que no consigo yo realizar este deseo que tengo de mantener mi pequeño blog al día de mi vida, pero supongo que desde que P-êM comenzó su declive no ha remontado, y desconozco si lo hará o no. De todos modos, no he venido hoy, 24 de marzo de 2013, a hablar sobre lo olvidado que tengo a esta porción del ciberespacio. Hoy vengo aquí a hablar sobre una dinosauria que cumple su mayoría de edad.
No hace mucho tiempo, un pequeño vaquero y una gran dinosauria se conocieron por peripecias del destino. Al principio, no eran más que dos extraños que habían coincidido dentro de la Tierra, pero poco a poco, tanto el vaquero como la dinosauria descubrieron que entre ellos estaba naciendo un sentimiento especial. Prácticamente sin darse cuenta, el vaquero se encontró con que necesitaba tener a la gigantesca dinosauria cerca de sí, porque si no le parecía que su vida estaba vacía y sin sentido. Empezó a quererla, así poquito a poco, empezó a precisar su compañía y su tan especial cariño y amor. Sin darse cuenta, como si fuera la amistad la que, juguetona, hilase su seda entre esos dos juguetes tan diferentes y tan parecidos al mismo tiempo... Entonces, un día, el pequeño vaquero se dio cuenta de que había encontrado por fin esa parte que completaba su vida, ese juguete que tenía que compartir sus horas de juego para el resto de su vida; por fin la había encontrado: Trixie estaba allí, ante él. Fuerte, encantadora, amable, amiga, risueña, genial, comprensiva, divertida, valiente... El pequeño vaquero ya la había encontrado, y ya nunca quería dejarla atrás. Quería tenerla junto a él, para que compartiese cada pequeño detalle de su vida. Se había dado cuenta que él siempre la había necesitado, aunque no se hubiera dado cuenta..
No hace mucho tiempo, un pequeño vaquero y una gran dinosauria se conocieron por peripecias del destino. Al principio, no eran más que dos extraños que habían coincidido dentro de la Tierra, pero poco a poco, tanto el vaquero como la dinosauria descubrieron que entre ellos estaba naciendo un sentimiento especial. Prácticamente sin darse cuenta, el vaquero se encontró con que necesitaba tener a la gigantesca dinosauria cerca de sí, porque si no le parecía que su vida estaba vacía y sin sentido. Empezó a quererla, así poquito a poco, empezó a precisar su compañía y su tan especial cariño y amor. Sin darse cuenta, como si fuera la amistad la que, juguetona, hilase su seda entre esos dos juguetes tan diferentes y tan parecidos al mismo tiempo... Entonces, un día, el pequeño vaquero se dio cuenta de que había encontrado por fin esa parte que completaba su vida, ese juguete que tenía que compartir sus horas de juego para el resto de su vida; por fin la había encontrado: Trixie estaba allí, ante él. Fuerte, encantadora, amable, amiga, risueña, genial, comprensiva, divertida, valiente... El pequeño vaquero ya la había encontrado, y ya nunca quería dejarla atrás. Quería tenerla junto a él, para que compartiese cada pequeño detalle de su vida. Se había dado cuenta que él siempre la había necesitado, aunque no se hubiera dado cuenta..
Y ahora que Trixie y Woody se conocen y se quieren como nadie, es el turno del pequeño vaquero para desear a esta dinosauria tan especial para él unos 18 años mucho mejores que los 17 que ya he vivido a su lado. Sabe que mi estrella de sheriff palpita con fuerza propia cada vez que estoy a su lado, que me emociono con facilidad si, al sonar cierta música, recuerdo nuestros momentos juntos... Las palabras que existen en mi idioma y en cualquier otro idioma que haya creado el ser humano se quedan pequeñas para expresar todo lo que el corazón de este juguete llamado Woody siente por Trixie. No me lo tomes a mal, pequeña-gran juguete, pero mis coloretes de serie realzan su rojo al decirte que no me quedan palabras. Solo besos que llegarán para acompañarte hasta el 24 de marzo de 2014, cuando renovaré esta tarifa de besos para que te acompañen un año más.
sábado, 2 de febrero de 2013
Solidez.
Ayer empezó febrero. No es más que otra fecha, pero Peut-être Magic ha estado más muerto que vivo desde septiembre para acá... Cuando empecé con este blog, en enero de 2011, me prometí que no dejaría ningún mes sin entradas; octubre y noviembre de 2012 se quedaron sin representación de mí aquí. Pero, lo más importante, ni siquiera me pasé por aquí el día 5 de enero de 2013 para felicitar a mi querido blog su segundo año de vida. Dos años ya conmigo, (dentro de poco dos y un mes) pero ni siquiera un recuerdo para él. No voy a mentir, me acordé el día 7 de que no había conmemorado los dos años de P-êM y tampoco me pasé por aquí ese día... Ni ese ni ningún otro de enero, dejando el mes del cumpleaños de P-êM vacío también. Pedí al año nuevo en mi anterior entrada que me trajera más inspiración (y tiempo) para poder regalar a este sitio que considero una extensión de mi corazón más textos que dejar plasmados, sin más... Está visto, y no solo por esto, que el esperanzador 2013 no nos ha regalado (de momento) las cosas que le hemos pedido. Alguien dijo una vez que las expectativas altas son la madre de todas las decepciones.
¿Por qué vuelvo hoy, en febrero?... Lo cierto es que por nada en especial, pero sí algo en particular. Una buena amiga (tan mágica o más como el nombre de este blog y con una luz que, no sé cómo lo hace, siempre acaba por iluminarme) me dijo que se le hacía raro no ver nada nuevo aquí, bajo estas cuatro paredes que son los límites de la pantalla del ordenador. Antes solía renovar el ambiente de P-êM tres veces por mes mínimo..., y ahora rara vez abro el ordenador y se me ocurre pasar por aquí. Es triste. Di una razón, sin embargo. Una razón que justificaba mi abandono; que ya no estaba muy seguro de lo que pensaba, que había algo raro en el ambiente.
El mundo está raro. Más bien el mundo que yo creía conocer lo está. He hablado ya varias veces aquí con pesimismo de mi vida, de mis cosas... Pero ahora es en general, las cosas están revueltas. ¿Qué pasa? Hay cosas que no llego a comprender del todo, mi mundo está mudando y no sé cómo saldrá de esta metamorfosis. Quizá sea que la mayoría de la gente que me rodea está a pocos centímetros de la puerta de la mayoría de edad y que yo apenas me he acostumbrado a tener diecisiete. No lo sé. Lo que sí sé es que poco a poco el tiempo está erosionando la meseta sobre la que mi yo y mis circunstancias se asentaban, y espero que no acabe por convertirla en una llanura y que todo se desparrame a kilómetros a la redonda... Muchas veces intento excusar la situación con malas excusas, otras me comporto de una manera extraña que intento justificar injustificablemente y otras, simplemente, no tengo ni puta idea de qué cojones pasa ni de qué cojones hacer. Quizá era este el fin del mundo del que hablaban los Mayas. El fin de un ciclo que revolucionaría el mundo y, con él, la gente. Quizá el 21 de diciembre de 2012, cuando el invierno escurrió los últimos días del 2012 para reinar durante todo el principio del 2013, un aura diferente invadió a la Tierra y cambió su idiosincrasia. Ya no lo sé. El caso es que el mundo está raro. Y cuando el mundo está raro uno tiende a refugiarse en el pasado y en el futuro, recordando momentos de risa y previendo grandes días que vendrán..., pero lo que verdaderamente importa es el presente: no podemos vivir en el pasado y el futuro nos alcanzará antes de que nos hayamos dado cuenta. Pero hoy mi presente está un poco descompuesto, fluido y algo desgastado. Necesito un hoy algo más sólido, necesito una cotidianidad consistente, bien cimentada al camino ya andado y con suficientes propiedades como para hacer de base para el futuro camino que creo día a día. Necesito, creo, un poco más de solidez.
¿Por qué vuelvo hoy, en febrero?... Lo cierto es que por nada en especial, pero sí algo en particular. Una buena amiga (tan mágica o más como el nombre de este blog y con una luz que, no sé cómo lo hace, siempre acaba por iluminarme) me dijo que se le hacía raro no ver nada nuevo aquí, bajo estas cuatro paredes que son los límites de la pantalla del ordenador. Antes solía renovar el ambiente de P-êM tres veces por mes mínimo..., y ahora rara vez abro el ordenador y se me ocurre pasar por aquí. Es triste. Di una razón, sin embargo. Una razón que justificaba mi abandono; que ya no estaba muy seguro de lo que pensaba, que había algo raro en el ambiente.
El mundo está raro. Más bien el mundo que yo creía conocer lo está. He hablado ya varias veces aquí con pesimismo de mi vida, de mis cosas... Pero ahora es en general, las cosas están revueltas. ¿Qué pasa? Hay cosas que no llego a comprender del todo, mi mundo está mudando y no sé cómo saldrá de esta metamorfosis. Quizá sea que la mayoría de la gente que me rodea está a pocos centímetros de la puerta de la mayoría de edad y que yo apenas me he acostumbrado a tener diecisiete. No lo sé. Lo que sí sé es que poco a poco el tiempo está erosionando la meseta sobre la que mi yo y mis circunstancias se asentaban, y espero que no acabe por convertirla en una llanura y que todo se desparrame a kilómetros a la redonda... Muchas veces intento excusar la situación con malas excusas, otras me comporto de una manera extraña que intento justificar injustificablemente y otras, simplemente, no tengo ni puta idea de qué cojones pasa ni de qué cojones hacer. Quizá era este el fin del mundo del que hablaban los Mayas. El fin de un ciclo que revolucionaría el mundo y, con él, la gente. Quizá el 21 de diciembre de 2012, cuando el invierno escurrió los últimos días del 2012 para reinar durante todo el principio del 2013, un aura diferente invadió a la Tierra y cambió su idiosincrasia. Ya no lo sé. El caso es que el mundo está raro. Y cuando el mundo está raro uno tiende a refugiarse en el pasado y en el futuro, recordando momentos de risa y previendo grandes días que vendrán..., pero lo que verdaderamente importa es el presente: no podemos vivir en el pasado y el futuro nos alcanzará antes de que nos hayamos dado cuenta. Pero hoy mi presente está un poco descompuesto, fluido y algo desgastado. Necesito un hoy algo más sólido, necesito una cotidianidad consistente, bien cimentada al camino ya andado y con suficientes propiedades como para hacer de base para el futuro camino que creo día a día. Necesito, creo, un poco más de solidez.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Hasta hoy, crecía el 2012...
Creo que es injusto que P-êM se quede sin una breve despedida al 2012 teniendo en cuenta tal y como he dejado olvidado a este rincón del ciberespacio durante los últimos tres meses... Supongo que será porque he conocido a un señor que me aprieta y ahoga de vez en cuando llamado Segundo de Bachillerato.
Mi deseo para el 2013 que aquí recojo es que tenga más tiempo y más disposición para poder regalar a P-êM mis momentos de Magia y actualidad que nunca he dejado de experimentar... Ayer mismo, con la IX Edición del Festival Internacional de Magia León vive la Magia recordé la razón por la cual creé este blog que cumplirá dos añitos el cinco de enero del próximo y cercano 2013. Con esta nueva cifra que sigue al 2012 espero que vengan nuevas y más cifras de entradas explicando todas las cosas que explico aquí con el único objeto de desahogarme y respirar, de escribir porque sí y de intentar aportar Magia a todo aquel rincón en el que el eco de estas palabras que escribo se escuche.
Me encantaría extenderme párrafos y párrafos, pero el caos de la prisa reinante a mi alrededor y la falta de ideas a gran escala me lo impiden. Siento mucha, mucha nostalgia (como siempre) al dejar un 2012 que sentía usurpador hace un año, cuando aún corría el 2011, como ahora siento usurpador al 2013 que sentiré acogedor dentro de un año, cuando llegue el 2014... Para mí no ha sido un año malo, ha tenido muchos momentos de Magia y otros cuantos de pesadilla, pero me quedo con los de Magia que han llegado de la mano de personas que, para mí, son tesoros mucho más importantes que cualquier joya o cualquier obra de arte. Les deseo a ellos y ellas un 2013 tan feliz o más como hemos pasado el 2012.
Y ahora, preparémonos para que el viento arranque del todo las raíces del 2012 de la Tierra de los Árboles de los Años y, una vez arrancadas, transporte desde el Páramo de las Semillas de los Años, el germen del 2013 que se enterrará y con mucha rapidez comenzará a crecer y a crecer en el mismo monto de tierra en el que, hasta hoy, crecía el 2012...
Mi deseo para el 2013 que aquí recojo es que tenga más tiempo y más disposición para poder regalar a P-êM mis momentos de Magia y actualidad que nunca he dejado de experimentar... Ayer mismo, con la IX Edición del Festival Internacional de Magia León vive la Magia recordé la razón por la cual creé este blog que cumplirá dos añitos el cinco de enero del próximo y cercano 2013. Con esta nueva cifra que sigue al 2012 espero que vengan nuevas y más cifras de entradas explicando todas las cosas que explico aquí con el único objeto de desahogarme y respirar, de escribir porque sí y de intentar aportar Magia a todo aquel rincón en el que el eco de estas palabras que escribo se escuche.
Me encantaría extenderme párrafos y párrafos, pero el caos de la prisa reinante a mi alrededor y la falta de ideas a gran escala me lo impiden. Siento mucha, mucha nostalgia (como siempre) al dejar un 2012 que sentía usurpador hace un año, cuando aún corría el 2011, como ahora siento usurpador al 2013 que sentiré acogedor dentro de un año, cuando llegue el 2014... Para mí no ha sido un año malo, ha tenido muchos momentos de Magia y otros cuantos de pesadilla, pero me quedo con los de Magia que han llegado de la mano de personas que, para mí, son tesoros mucho más importantes que cualquier joya o cualquier obra de arte. Les deseo a ellos y ellas un 2013 tan feliz o más como hemos pasado el 2012.
Y ahora, preparémonos para que el viento arranque del todo las raíces del 2012 de la Tierra de los Árboles de los Años y, una vez arrancadas, transporte desde el Páramo de las Semillas de los Años, el germen del 2013 que se enterrará y con mucha rapidez comenzará a crecer y a crecer en el mismo monto de tierra en el que, hasta hoy, crecía el 2012...
sábado, 1 de diciembre de 2012
Mis ganas incesantes de llorar.
Septiembre. La entrada que precede a esta en P-êM es de septiembre. Realmente nunca creí que abandonaría de esta forma esta bitácora, este espacio de la blogosfera que siento mío y que hago mío con mis pensamientos y mis pareceres, sin pretender nada salvo desahogarme. Jamás imaginé que octubre y noviembre quedarían en blanco sobre el recuento de entradas de mi querido blog. Pero así ha sucedido, y debo pedirme perdón a mí mismo, ya que Peut-être Magic es un lugar que me ayuda aunque él no lo sepa.
Hoy es día 1 de diciembre, primer día del mes de mi cumpleaños (que apenas llegará en cuatro días) y que no se presenta como cualquier otro diciembre, en el que suelo estar contento y feliz por la llegada de mi cumpleaños. Varias veces me he quejado ya sobre la cercanía de los 18 y ser mayores de edad (aunque aún tengo 16, pero bueno, poco les quedan), y hoy no he vuelto al cálido abrigo de P-êM para volver a expresar mi descontento con ser adulto en tan solo un año. Hoy he venido aquí para gritar, chillar y desahogarme, para quitarme un peso de encima que llevo varios días cargándome...
No estoy agusto con mi vida, no estoy agusto con la vida. Siento que aquellos que están a mi lado piensan muchas cosas que no dicen, siento que estoy haciendo miles de cosas mal y que no me doy cuenta. Siento que cada paso que doy intentando buscar la sonrisa de mis personas más queridas, es un paso que doy para alimentar un pequeño pero latente rechazo hacia mí. Quizá mi personalidad tenga un pequeño resorte de inadecuación al mundo, de inadecuación al género humano que tan pocas veces he llegado a comprender. Personas con las que me siento muy identificado, y a las que no quiero otra cosa sino regalarle el más sentido aliento de mi corazón..., pero tal vez deba considerar la posibilidad de que ellos no quieran sentirse identificados conmigo y no deseen ese pedazo de corazón que les entrego. Quizá se está formando tras de mí una nube de animadversión que un día se hará tan grande que solo podrá nublarme la vista e, igual, dejarme ciego para siempre... O también pueden ser todo conjeturas mías, imaginaciones que mi cabeza hace y que aquellas personas no merecen, tontas conclusiones que saco de una situación tensa de risas que noto falsas. Puede que todo sea una ilusión causada por no se qué maldito agente en mi cabeza, pero tengo miedo, mucho miedo. Miedo a perder, a perderlos a ellos, a quienes me han dado la fuerza para seguir, quizá no desde siempre, pero ahora necesarios para mi vida, tan necesarios como el comer. Miedo a no saber actuar bien, una vez más. Miedo a...
Mi impotencia se levanta sonriente y triunfante sobre mi tímido e indeciso corazón, que no sabe si latir en una dirección o en otra. La mentira criticada será, quizá, el pan de cada día, y yo me alejaré de mi propio yo conformado; o estaré tan equivocado, que mereceré rayos y truenos por pensar esto que pienso. El destino es aciago, se mire como se mire. Y la vida te empuja a vivir, sin darte un espacio de tiempo inexistente como tregua, para pensar qué puede estar pasando, qué puede estar fallando, por qué tu vida no está llena de sonrisas y cada vez tiene más lágrimas. Tal vez son temporadas, deseos del Destino que, con sus enormes y meticulosos dedos, enreda nuestras vidas y las torna nostálgicas donde antes eufóricas...
Hoy es el primer día de diciembre, un mes de Magia y cambio. Hoy es el primer día de diciembre, pero no el primer día de mis ganas incesantes de llorar.
Hoy es día 1 de diciembre, primer día del mes de mi cumpleaños (que apenas llegará en cuatro días) y que no se presenta como cualquier otro diciembre, en el que suelo estar contento y feliz por la llegada de mi cumpleaños. Varias veces me he quejado ya sobre la cercanía de los 18 y ser mayores de edad (aunque aún tengo 16, pero bueno, poco les quedan), y hoy no he vuelto al cálido abrigo de P-êM para volver a expresar mi descontento con ser adulto en tan solo un año. Hoy he venido aquí para gritar, chillar y desahogarme, para quitarme un peso de encima que llevo varios días cargándome...
No estoy agusto con mi vida, no estoy agusto con la vida. Siento que aquellos que están a mi lado piensan muchas cosas que no dicen, siento que estoy haciendo miles de cosas mal y que no me doy cuenta. Siento que cada paso que doy intentando buscar la sonrisa de mis personas más queridas, es un paso que doy para alimentar un pequeño pero latente rechazo hacia mí. Quizá mi personalidad tenga un pequeño resorte de inadecuación al mundo, de inadecuación al género humano que tan pocas veces he llegado a comprender. Personas con las que me siento muy identificado, y a las que no quiero otra cosa sino regalarle el más sentido aliento de mi corazón..., pero tal vez deba considerar la posibilidad de que ellos no quieran sentirse identificados conmigo y no deseen ese pedazo de corazón que les entrego. Quizá se está formando tras de mí una nube de animadversión que un día se hará tan grande que solo podrá nublarme la vista e, igual, dejarme ciego para siempre... O también pueden ser todo conjeturas mías, imaginaciones que mi cabeza hace y que aquellas personas no merecen, tontas conclusiones que saco de una situación tensa de risas que noto falsas. Puede que todo sea una ilusión causada por no se qué maldito agente en mi cabeza, pero tengo miedo, mucho miedo. Miedo a perder, a perderlos a ellos, a quienes me han dado la fuerza para seguir, quizá no desde siempre, pero ahora necesarios para mi vida, tan necesarios como el comer. Miedo a no saber actuar bien, una vez más. Miedo a...
Mi impotencia se levanta sonriente y triunfante sobre mi tímido e indeciso corazón, que no sabe si latir en una dirección o en otra. La mentira criticada será, quizá, el pan de cada día, y yo me alejaré de mi propio yo conformado; o estaré tan equivocado, que mereceré rayos y truenos por pensar esto que pienso. El destino es aciago, se mire como se mire. Y la vida te empuja a vivir, sin darte un espacio de tiempo inexistente como tregua, para pensar qué puede estar pasando, qué puede estar fallando, por qué tu vida no está llena de sonrisas y cada vez tiene más lágrimas. Tal vez son temporadas, deseos del Destino que, con sus enormes y meticulosos dedos, enreda nuestras vidas y las torna nostálgicas donde antes eufóricas...
Hoy es el primer día de diciembre, un mes de Magia y cambio. Hoy es el primer día de diciembre, pero no el primer día de mis ganas incesantes de llorar.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Traición de ensueño.
Varias veces recordé en este lugar el agridulce sabor de los sueños que se esfuman. Ese hito inalcanzable en tu vida que al fin consigues y que, de pronto, desaparece cualquier ápice de su consecución real en cuanto descubres que has abierto tus ojos. El amargo sobresalto de descubrir que la perfección, el momento del que podrías jurar que era absolutamente real porque hasta incluso recuerdas el aroma, nunca fue más que el juguetón descanso de un cerebro colapsado.
Esta noche viajé al más ideal de los momentos, uno de los más especiales que llevo anhelando mucho tiempo. Viajé sin saber que había viajado, puesto que, mientras transcurría, mi corazón latía a la velocidad del rayo y mi cabeza, agorera, se repetía llena de júbilo <<No puede ser real, pero... ¡Está pasando!>>. Una sensación de alegría y de plenitud me recorría y no me dejaba. Mirar la escena, sentir cada cosa que sentí tan sumamente real no me hizo plantearme por un instante si aquello era o no un sueño, simplemente lo estaba experimentando en mis propias carnes. Veía cada cosa, notaba cada contacto y entendía cada palabra con una claridad meridiana. La belleza de la situación, cada perfecto detalle del contorno de las formas... De verdad que fui el hombre más feliz del mundo, expedía un aura de felicidad que se podía adivinar a kilómetros de distancia. Nunca pensé que mi extrema alegría pudiera ser truncada de aquella forma fría y cruel, pero finalmente fue así... Desperté, de noche, con dolor de cabeza y de garganta, tosiendo. Desperté en un mar de oscuridad espesa y desconcertante. Desperté para darme cuenta de que todo con lo que había estado soñando desde siempre..., no era más que eso, un mero sueño...
Esta noche viajé al más ideal de los momentos, uno de los más especiales que llevo anhelando mucho tiempo. Viajé sin saber que había viajado, puesto que, mientras transcurría, mi corazón latía a la velocidad del rayo y mi cabeza, agorera, se repetía llena de júbilo <<No puede ser real, pero... ¡Está pasando!>>. Una sensación de alegría y de plenitud me recorría y no me dejaba. Mirar la escena, sentir cada cosa que sentí tan sumamente real no me hizo plantearme por un instante si aquello era o no un sueño, simplemente lo estaba experimentando en mis propias carnes. Veía cada cosa, notaba cada contacto y entendía cada palabra con una claridad meridiana. La belleza de la situación, cada perfecto detalle del contorno de las formas... De verdad que fui el hombre más feliz del mundo, expedía un aura de felicidad que se podía adivinar a kilómetros de distancia. Nunca pensé que mi extrema alegría pudiera ser truncada de aquella forma fría y cruel, pero finalmente fue así... Desperté, de noche, con dolor de cabeza y de garganta, tosiendo. Desperté en un mar de oscuridad espesa y desconcertante. Desperté para darme cuenta de que todo con lo que había estado soñando desde siempre..., no era más que eso, un mero sueño...
domingo, 9 de septiembre de 2012
Si sabes mirar, tu vida es envidiable.
Uno va haciendo el viaje que es la vida, sin prisa pero sin pausa. Viviendo cada segundo y cada minuto de una forma inevitable; no es posible pausar nuestra vida para pensar y tomar decisiones con todo el tiempo del mundo, es un viaje en el que no existen altos en el caminos, un continuo e inexorable seguir hacia donde sea.
Uno va haciendo el viaje que es la vida y va conociendo personas, muchas personas cuando una vida acaba. Aunque, apenas cuando empieza ya hay unas cuantas. Y, yo que estoy empezándola, tampoco necesito muchas más. Asimismo, cuando vas viviendo te vas dando cuenta de quién te quiere realmente y quién no, de quién estaría dispuesto a luchar por ti y de quién dice que daría todo por ti pero con la boca pequeña. Desgraciadamente, personas a quien quisiste con toda tu alma se te van cayendo. Es triste que vivamos dolorosas decepciones, y todos las vivimos. Es triste que la gente no te valore o que no te dé lo que mereces aunque tú no lo creas así... Pero también es infinitamente gratificante que te regalen sonrisas sinceras, que te den abrazos de amor verdadero y que te digan palabras que sabes que salen directamente del corazón.
Hoy he viajado al Lejano Oeste para ir a ver a una cowgirl que hacía tiempo que no veía... Un mes y medio, aproximadamente. Quería verla desde hace tiempo, pero por unas razones u otras no pudimos arreglarnos para quedar. Finalmente, hoy hice mi viaje. Llegué, con un pequeño regalito bajo el brazo, no por ser zalamero, ni siquiera por quedar bien..., sino porque lo necesitaba. Necesitaba decirle a esa chica fuerte y valiente que la necesitaba en mi vida, porque me había demostrado miles de veces que podía apoyarme en ella.
Por eso, si sabemos mirar en la dirección correcta, si nos fijamos bien, nuestra vida es bonita y realmente envidiable gracias a esas personas que te hacen sonreír prácticamente sin darse cuenta. Gracias a esas personas que te dan tantas cosas... Le regalé una pequeña parte de mí porque simplemente sentía que debía darle unas palabras diferentes pero tan naturales en mi corazón. A ella la tengo, a esa chica de ojos verdes y pelo castaño, en uno de los rincones más especiales de mi alma, en el rincón más cálido y más acogedor. No porque me dé cosas a cambio, que también, sino porque me da su compañía, su cariño y su completa sinceridad. Porque es tan especial que ya sabe quién es sin necesidad de una foto nuestra, sino de una foto de quien en realidad somos en lo más profundo de nuestros corazones. Una foto del fondo más inhóspito de nuestra alma, una foto de nuestros espíritus, de nuestras esencias..., que aunque se han encontrado hace poco, estaban destinadas para estar juntas.
Uno va haciendo el viaje que es la vida y va conociendo personas, muchas personas cuando una vida acaba. Aunque, apenas cuando empieza ya hay unas cuantas. Y, yo que estoy empezándola, tampoco necesito muchas más. Asimismo, cuando vas viviendo te vas dando cuenta de quién te quiere realmente y quién no, de quién estaría dispuesto a luchar por ti y de quién dice que daría todo por ti pero con la boca pequeña. Desgraciadamente, personas a quien quisiste con toda tu alma se te van cayendo. Es triste que vivamos dolorosas decepciones, y todos las vivimos. Es triste que la gente no te valore o que no te dé lo que mereces aunque tú no lo creas así... Pero también es infinitamente gratificante que te regalen sonrisas sinceras, que te den abrazos de amor verdadero y que te digan palabras que sabes que salen directamente del corazón.
Hoy he viajado al Lejano Oeste para ir a ver a una cowgirl que hacía tiempo que no veía... Un mes y medio, aproximadamente. Quería verla desde hace tiempo, pero por unas razones u otras no pudimos arreglarnos para quedar. Finalmente, hoy hice mi viaje. Llegué, con un pequeño regalito bajo el brazo, no por ser zalamero, ni siquiera por quedar bien..., sino porque lo necesitaba. Necesitaba decirle a esa chica fuerte y valiente que la necesitaba en mi vida, porque me había demostrado miles de veces que podía apoyarme en ella.
Por eso, si sabemos mirar en la dirección correcta, si nos fijamos bien, nuestra vida es bonita y realmente envidiable gracias a esas personas que te hacen sonreír prácticamente sin darse cuenta. Gracias a esas personas que te dan tantas cosas... Le regalé una pequeña parte de mí porque simplemente sentía que debía darle unas palabras diferentes pero tan naturales en mi corazón. A ella la tengo, a esa chica de ojos verdes y pelo castaño, en uno de los rincones más especiales de mi alma, en el rincón más cálido y más acogedor. No porque me dé cosas a cambio, que también, sino porque me da su compañía, su cariño y su completa sinceridad. Porque es tan especial que ya sabe quién es sin necesidad de una foto nuestra, sino de una foto de quien en realidad somos en lo más profundo de nuestros corazones. Una foto del fondo más inhóspito de nuestra alma, una foto de nuestros espíritus, de nuestras esencias..., que aunque se han encontrado hace poco, estaban destinadas para estar juntas.
![]() |
| El pequeño vaquero sheriff y la chica más valiente y fuerte del Lejano Oeste, el verdadero retrato de dos almas cuyos destinos estaban unidos y que, finalmente, se encontraron. |
viernes, 7 de septiembre de 2012
Día 16 – Una canción que antes te encantaba y ahora la odias.
Comienzo septiembre retomando el Proyecto. A la vista está que no voy a poder cumplir eso que dije de terminarlo antes de que empiece el curso (que lo hará dentro de una semana). Y este Día 16 es realmente polémico. Miro en mi fonoteca y, realmente, no tengo ninguna canción que antes me gustara y ahora odie. Puede que el Aserejé, pero tampoco lo odio. Cuando hay que echarse unas risas con él, uno se las echa.
Creo que "odiar" la música es algo muy fuerte. Puede no gustarte, pero de ahí a denostar una canción, hay un gran salto. Este Día 16 de verdad que no me gusta nada. No sé, por más que intento en pensar una canción, no hay ninguna que me venga a la cabeza...
(...)
(...)
(...)
Tras varios intervalos de tiempo pensando, he decidido que voy a reformar un poquitín este día. Para mí va a titularse: Día 16 – Una canción que antes te gustaba y ahora te parezca repetitiva, sosa, insulsa, algo anticuada, aburrida o cansina de escuchar. Más que nada lo he hecho porque es muy difícil que algo que me ENCANTABA ahora lo ODIE. Son dos extremos que, no digo que no estén cercanos (que lo están), sino que en temas musicales, odiar algo me parece realmente evitable. Y canciones que antes me gustaban y ahora me parecen repetitivas, sosas, insulsas, algo anticuadas, aburridas o cansinas de escuchar hay unas cuantas. Muchas de La Quinta Estación, por ejemplo, se me repiten innumerables veces; de Melendi, ya ni te cuento; de Paulina Rubio, más de lo mismo.
Aun así, creo que ya tengo mi canción que antes me gustaba y ahora me parece repetitiva, sosa, insulsa, algo anticuada, aburrida o cansina de escuchar. Y es Ni una sola palabra, de Paulina Rubio. Esta canción fue compuesta por mis adorados La Oreja de Van Gogh, pero se la vendieron a la mexicana: CRASO ERROR. En sus manos, pienso, hubiera sido tratada de otra forma, con menos arreglos vocales, menos equitos por aquí, menos morritos al cantarla y algo más de musicalidad. Aun así, es una buena canción comercial que tuvo su éxito. No es la única canción que La Oreja ha vendido a otros artistas: Amores dormidos, popularizada por Edurne, fue incluida en su álbum Más guapa cantada por Amaia Montero y tocada por Xabi, Pablo, Álvaro y Haritz; también el tema Adelante, que fue cantado por los chicos de OT y fue la sintonía de los anuncios de BBVA durante mucho tiempo, era una obra de los donostiarras. Tras este pequeño apunte de historia sobre La Oreja de Van Gogh, os dejo con Ni una sola palabra. Desgraciadamente, no existe versión de La Oreja porque perdió los derechos, así que tendremos que conformarnos con el estilo de Paulina...
Creo que "odiar" la música es algo muy fuerte. Puede no gustarte, pero de ahí a denostar una canción, hay un gran salto. Este Día 16 de verdad que no me gusta nada. No sé, por más que intento en pensar una canción, no hay ninguna que me venga a la cabeza...
(...)
(...)
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Tras varios intervalos de tiempo pensando, he decidido que voy a reformar un poquitín este día. Para mí va a titularse: Día 16 – Una canción que antes te gustaba y ahora te parezca repetitiva, sosa, insulsa, algo anticuada, aburrida o cansina de escuchar. Más que nada lo he hecho porque es muy difícil que algo que me ENCANTABA ahora lo ODIE. Son dos extremos que, no digo que no estén cercanos (que lo están), sino que en temas musicales, odiar algo me parece realmente evitable. Y canciones que antes me gustaban y ahora me parecen repetitivas, sosas, insulsas, algo anticuadas, aburridas o cansinas de escuchar hay unas cuantas. Muchas de La Quinta Estación, por ejemplo, se me repiten innumerables veces; de Melendi, ya ni te cuento; de Paulina Rubio, más de lo mismo.
Aun así, creo que ya tengo mi canción que antes me gustaba y ahora me parece repetitiva, sosa, insulsa, algo anticuada, aburrida o cansina de escuchar. Y es Ni una sola palabra, de Paulina Rubio. Esta canción fue compuesta por mis adorados La Oreja de Van Gogh, pero se la vendieron a la mexicana: CRASO ERROR. En sus manos, pienso, hubiera sido tratada de otra forma, con menos arreglos vocales, menos equitos por aquí, menos morritos al cantarla y algo más de musicalidad. Aun así, es una buena canción comercial que tuvo su éxito. No es la única canción que La Oreja ha vendido a otros artistas: Amores dormidos, popularizada por Edurne, fue incluida en su álbum Más guapa cantada por Amaia Montero y tocada por Xabi, Pablo, Álvaro y Haritz; también el tema Adelante, que fue cantado por los chicos de OT y fue la sintonía de los anuncios de BBVA durante mucho tiempo, era una obra de los donostiarras. Tras este pequeño apunte de historia sobre La Oreja de Van Gogh, os dejo con Ni una sola palabra. Desgraciadamente, no existe versión de La Oreja porque perdió los derechos, así que tendremos que conformarnos con el estilo de Paulina...
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viernes, 31 de agosto de 2012
Quiero...
Quiero ese abrazo. Quiero poder tener cuerpo a cuerpo a ese alguien. Quiero poder agarrar esa sudadera con fuerza, rabia, amor y deseo al mismo tiempo. Quiero sentir las convulsiones de su pecho, llorando de amor y nostalgia. Quiero saber que soy algo muy importante. Quiero mirar unos ojos que me digan todo con un parpadeo. Quiero reconciliaciones tan bonitas como el cielo azul y tan radiantes como el Sol de mayo. Quiero tartamudear y que me entienda. Quiero poder ser uno de esos actores de las series, de las películas; quiero ser uno de esos en la vida real, que me pasen las historias tan envidiables y no siempre felices que ahí cuentan. Quiero tener el derecho a lo que tiene todo el mundo. Quiero oler esa sudadera y que me huela a ese perfume que tanto significa para mí. Quiero que le guste mi pelo, que le gusten mis ojos y que le guste mi aroma. Quiero una esencia de realidad ajena, una gota del manantial de la felicidad normal. Quiero que una luz saltarina me toque para que alguien que yo quiera me quiera. Quiero vivir eso que veo y que envidio. Quiero un poco de ficción en mi demasiado terrenal mundo. Quiero alegría y, al mismo tiempo, especialidad. Quiero algo y sé lo que quiero. Quiero lo que quiero y no un esbozo de ello. Quiero que dejen de consolarme, porque quiero no necesitar consuelo. Quiero una vida que grite a las estrellas. Quiero que las ciencias biológicas cambien y se pongan a mi favor. Quiero que el zodiaco se mueva y haga virguerías, quiero un momento de chispas de ilusión. Quiero crear mi destino, paso a paso. Quiero dibujar ese rostro, trazo a trazo. Quiero escribir sus palabras, cacho a cacho. Quiero componer mi banda sonora, piano a piano. Quiero hablar para que hablemos, labio a labio. Quiero espinas que se vuelvan mariposas. Quiero urracas que se vuelvan amapolas. Quiero manos secas que se vuelvan adiposas. Quiero sombras densas que se caigan, que se rompan. Quiero palabras de hielo en amorosas. Quiero que promesas vanas se hagan cosas. Quiero que, de una puta vez, pinten mi vida de rosa.
jueves, 23 de agosto de 2012
Portilla de la Reina.
Ya he vuelto hace cuatro días. Hace cuatro días volví de un pueblo perdido en la montaña de la provincia de León. Y, sinceramente, me fui con bastante pena. Creo que este ha sido uno de los años que más portillano me he sentido, uno de los años en los que Portilla ha estado de verdad en mi corazón. Los años anteriores sí, también me lo pasé bien, pero este año ha sido algo especial.
Desde los locos momentos de siempre bailando con la musicota (porque música, música..., no es) como unos atolondrados a los momentos más serios, por así llamarlos. No solo se escucha castellano en Portilla, ni mucho menos, el francés también se deja oír y mucho. Ha habido momentos mejores y peores, pero la amistad que está ahí es el cemento que une cada ladrillo, y si el cemento falla, la pared se cae.
No sé muy bien cómo definir estas fiestas de San Roque de 2012 y, contra todo pronóstico, no voy a hacer una de esas entradas mías que son kilométricamente largas, con miles de palabras y de símiles y de juegos y de recursos literarios... No. Esta entrada breve, si queréis completarla, debéis preguntarme. Debéis venir a mí y verme, y escucharme hablar de todas y cada una de las personas que conformaron esta semana de agosto en el penúltimo pueblo de la Tierra de la Reina. Debéis de conocerme y ver qué sentimientos alberga mi corazón para cada una de las personas que compartieron conmigo esos días entre calurosos y heladores. Porque este año no lo voy a olvidar, no voy a olvidar a los de siempre haciendo cosas de ahora, ni a los que conocí y que, creo, se están haciendo su propio hueco en mi corazón...
Desde los locos momentos de siempre bailando con la musicota (porque música, música..., no es) como unos atolondrados a los momentos más serios, por así llamarlos. No solo se escucha castellano en Portilla, ni mucho menos, el francés también se deja oír y mucho. Ha habido momentos mejores y peores, pero la amistad que está ahí es el cemento que une cada ladrillo, y si el cemento falla, la pared se cae.
No sé muy bien cómo definir estas fiestas de San Roque de 2012 y, contra todo pronóstico, no voy a hacer una de esas entradas mías que son kilométricamente largas, con miles de palabras y de símiles y de juegos y de recursos literarios... No. Esta entrada breve, si queréis completarla, debéis preguntarme. Debéis venir a mí y verme, y escucharme hablar de todas y cada una de las personas que conformaron esta semana de agosto en el penúltimo pueblo de la Tierra de la Reina. Debéis de conocerme y ver qué sentimientos alberga mi corazón para cada una de las personas que compartieron conmigo esos días entre calurosos y heladores. Porque este año no lo voy a olvidar, no voy a olvidar a los de siempre haciendo cosas de ahora, ni a los que conocí y que, creo, se están haciendo su propio hueco en mi corazón...
martes, 7 de agosto de 2012
Día 15 – Una canción que te describa.
Esto sí que es algo prácticamente imposible. No quiero decir que no haya ninguna canción que me describa, sino todo lo contrario: hay unas cuantas. Describir a una persona con solo una canción es bien difícil. Una persona atraviesa varios momentos a lo largo de su vida: subidón, éxtasis, bajón, melancolía, alegría, pasotismo, dolor... Hay muchas cosas que solo una canción no puede expresar.
Prácticamente todas las canciones de La Oreja de Van Gogh me pueden expresar, te pondría un momento diferente de mi vida en cada una de ellas sin dudar un instante, te pondría una cara a la que me recuerda, un lugar que me trae a la cabeza, una situación que hace que reviva... Hace poco escribí que mi biografía podría escribirse única y exclusivamente con canciones de este grupo donostiarra, y no mentía cuando lo decía. No sé si habrá mucha más gente que de verdad tenga a este grupo tan mimetizado con su corazón como yo, pero es que de verdad que La Oreja y mi vida son paralelas.
Hay varias canciones de Vega que también definirían varios momentos de mi estado de ánimo. Mucha vitalidad, ante todo, pero siempre un trasfondo de melancolía y algo de dolor que se convierte en autoestima. Nueva York, Como yo no hay dos, Mejor mañana, Lolita... Son algunas que se adaptarían bien a mi perfil.
Mika tiene un porrón de canciones que me definirían perfectísimamente, de sus tres álbumes (aunque del tercero y último yo solo conozco Elle me dit, y creo que en España aún no se ha dado a conocer más que este sencillo). Muchas canciones, Mika también es muy, muy vitalista, pero también saca su lado más tierno y, quizá triste, para mostrar su corazón más profundo. Mika es un artista que me gusta en particular porque la mayoría de sus canciones no hablan de amor, de enamoramiento, de dolor por una pérdida, de no poder respirar sin la otra persona... Hablan de muchos temas cotidianos, como la vida del Doctor John, o la del promiscuo y sinvergüenza Billy Brown; habla de un día de lluvia, habla de los adolescentes y los defiende, habla de un adiós amistoso, una muerte quizá... Es muy realista y muy cotidiano sin dejar de ser una música pop totalmente ácida y activa.
Más artistas se agolpan en mi cabeza: Zahara, Vinila y The Lucky, Mecano con sus letras perfectas y su música indescriptible, también Giovanni Allevi con su magnífico piano, o incluso alguna banda sonora de alguna película que me haya marcado, como la obra maestra de John Williams para la saga Harry Potter. Y, sin embargo, la canción que me describe viene a mi cabeza así, de repente. No podía ser otra, porque prácticamente se puede leer mi nombre en ella por todo lo que transmite: ganas de vivir, de dejar lo malo atrás, de romper con lo que no saca lo mejor de nosotros, de hacer oídos sordos a los insultos, de disfrutar día a día, de perseguir nuestros sueños. Una canción que suena a vida, a fiesta, a bailar, a divertirse, a juventud. Es una canción de Glee, quizá una de mis series favoritas (no tanto por su calidad de argumento o de detalles de la construcción de todo el entresijo de ella misma, sino por los valores que ensalza y por la lucha que persigue) y que más me ha marcado. Y no es una canción de otro artista que los chicos del Glee Club versionen, que es lo que hacen habitualmente, sino una canción original de Glee Cast. Una canción creada para la serie y que define a la perfección el sentimiento que persigue crear en la gente. La canción es Loser like me, y solo hace falta escucharla para ver que Johann está ahí implícitamente.
Ya he dicho antes de qué trata este tema, así que no seré pesado y no lo repetiré. Solo quiero que, entendiendo qué nos dice la letra y a qué nos invita, os imaginéis encima de un escenario gritándole al mundo con una perfecta coreografía de esta canción, con amigos haciendo un teatro que encandile, gritándole al mundo quién sois en realidad. Que parte del público se marche echando pestes sobre vosotros, pero que la mayoría del público se quede para admiraros, para chillarte diciéndote que eres genial, para sentirte arropado. Para ver que, pese a que el mundo no sea un lugar acogedor, siempre se encuentra el sitio que rechaza la hostilidad. Para que la esperanza asome tras la puerta del salón. Escuchadla e imaginaos con una camiseta que tenga impreso en ella lo que sentís para que el mundo lo lea... Quizá no os diga mucho esta interpretación de la canción, pero eso es lo que me imagino yo cada vez que la guitarra eléctrica empieza a expedir las primeras notas de sus cuerdas para dejar que Loser like me suene vital y enérgicamente y sacuda mi corazón con aire fresco.
Prácticamente todas las canciones de La Oreja de Van Gogh me pueden expresar, te pondría un momento diferente de mi vida en cada una de ellas sin dudar un instante, te pondría una cara a la que me recuerda, un lugar que me trae a la cabeza, una situación que hace que reviva... Hace poco escribí que mi biografía podría escribirse única y exclusivamente con canciones de este grupo donostiarra, y no mentía cuando lo decía. No sé si habrá mucha más gente que de verdad tenga a este grupo tan mimetizado con su corazón como yo, pero es que de verdad que La Oreja y mi vida son paralelas.
Hay varias canciones de Vega que también definirían varios momentos de mi estado de ánimo. Mucha vitalidad, ante todo, pero siempre un trasfondo de melancolía y algo de dolor que se convierte en autoestima. Nueva York, Como yo no hay dos, Mejor mañana, Lolita... Son algunas que se adaptarían bien a mi perfil.
Mika tiene un porrón de canciones que me definirían perfectísimamente, de sus tres álbumes (aunque del tercero y último yo solo conozco Elle me dit, y creo que en España aún no se ha dado a conocer más que este sencillo). Muchas canciones, Mika también es muy, muy vitalista, pero también saca su lado más tierno y, quizá triste, para mostrar su corazón más profundo. Mika es un artista que me gusta en particular porque la mayoría de sus canciones no hablan de amor, de enamoramiento, de dolor por una pérdida, de no poder respirar sin la otra persona... Hablan de muchos temas cotidianos, como la vida del Doctor John, o la del promiscuo y sinvergüenza Billy Brown; habla de un día de lluvia, habla de los adolescentes y los defiende, habla de un adiós amistoso, una muerte quizá... Es muy realista y muy cotidiano sin dejar de ser una música pop totalmente ácida y activa.
Más artistas se agolpan en mi cabeza: Zahara, Vinila y The Lucky, Mecano con sus letras perfectas y su música indescriptible, también Giovanni Allevi con su magnífico piano, o incluso alguna banda sonora de alguna película que me haya marcado, como la obra maestra de John Williams para la saga Harry Potter. Y, sin embargo, la canción que me describe viene a mi cabeza así, de repente. No podía ser otra, porque prácticamente se puede leer mi nombre en ella por todo lo que transmite: ganas de vivir, de dejar lo malo atrás, de romper con lo que no saca lo mejor de nosotros, de hacer oídos sordos a los insultos, de disfrutar día a día, de perseguir nuestros sueños. Una canción que suena a vida, a fiesta, a bailar, a divertirse, a juventud. Es una canción de Glee, quizá una de mis series favoritas (no tanto por su calidad de argumento o de detalles de la construcción de todo el entresijo de ella misma, sino por los valores que ensalza y por la lucha que persigue) y que más me ha marcado. Y no es una canción de otro artista que los chicos del Glee Club versionen, que es lo que hacen habitualmente, sino una canción original de Glee Cast. Una canción creada para la serie y que define a la perfección el sentimiento que persigue crear en la gente. La canción es Loser like me, y solo hace falta escucharla para ver que Johann está ahí implícitamente.
Ya he dicho antes de qué trata este tema, así que no seré pesado y no lo repetiré. Solo quiero que, entendiendo qué nos dice la letra y a qué nos invita, os imaginéis encima de un escenario gritándole al mundo con una perfecta coreografía de esta canción, con amigos haciendo un teatro que encandile, gritándole al mundo quién sois en realidad. Que parte del público se marche echando pestes sobre vosotros, pero que la mayoría del público se quede para admiraros, para chillarte diciéndote que eres genial, para sentirte arropado. Para ver que, pese a que el mundo no sea un lugar acogedor, siempre se encuentra el sitio que rechaza la hostilidad. Para que la esperanza asome tras la puerta del salón. Escuchadla e imaginaos con una camiseta que tenga impreso en ella lo que sentís para que el mundo lo lea... Quizá no os diga mucho esta interpretación de la canción, pero eso es lo que me imagino yo cada vez que la guitarra eléctrica empieza a expedir las primeras notas de sus cuerdas para dejar que Loser like me suene vital y enérgicamente y sacuda mi corazón con aire fresco.
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Proyecto de las 30 canciones
jueves, 2 de agosto de 2012
Día 14 – Una canción que nadie espera que te guste.
Y, ya en el mes de agosto (frío en el rostro, como dice nuestro refranero español), Johann se enfrenta al Día 14. Y si lo del Día 13 del placer prohibido ya era difícil, ahora me encuentro con que debo elegir una canción que nadie espera que me guste. Por si fuera poco no solo tengo que bucear en mi mente y mi fonoteca, sino también en la mente de los demás y las canciones que supuestamente piensan que me gustan y que no me gustan y, de ese segundo grupo de canciones, elegir una para que sorprenda a la gente cuando la vean en mi Día 14 (que igual este día del Proyecto no recibe visitas y yo aquí con esta comezón, pero bueno yo lo hago por satisfacer mi afán humano de conseguir cosas, hale).
Comienzo pues con un repaso en líneas generales por los estilos de la música...
El pop, el pop es un estilo que siempre me ha gustado y que se adecua bastante bien a mi personalidad. La Oreja de Van Gogh es pop, Mika es pop, Fredrika Stahl es jazz-pop (aunque su último álbum Sweep me away se acerca mucho, según mi visión, a la música alternativa), Mecano es el grupo pop español por excelencia... Así que no, el pop es algo que no puede entrar en este Día 14.
El rock... Realmente el rock sí que no me gusta nada, y es algo que la gente no se espera que ponga. Sí que hay algunas canciones que me gustan y que me resulta placentero escuchar en algunos momentos, pero las tengo tan oxidadas que, prácticamente, solo sé tararear algún fragmento de ellas y no me acuerdo casi ni de su título ni de su autor. Podría ponerme a investigar qué canciones son, pero como el rock no es mi estilo en absoluto, la gente se pensará que en mi Día 14 pondré algún éxito del rock, y tampoco quiero que mi Día 14 sea algo que pueda predecirse.
Tras el pop y el rock, que son los dos grandes estilos de la música, pocos quedan ya por explorar. Está el indie, cuyas canciones encuentro mucho más agradables que las de rock y que no sé si la gente esperará o no que me gusten. De indie (yo prefiero llamarlo música alternativa, vete tú a saber por qué) me gustan cosas de Vetusta Morla, del último álbum de Zahara (que yo lo considero alternativo y no pop como los anteriores), del último álbum de Vega (que es muy raro para lo que nos tiene acostumbrados a oír la artista cordobesa)... Pero quizá los más acérrimos seguidores del indie no consideran estas dos últimas aportaciones como música propiamente alternativa. El indie tampoco es que me convenza para poner en mi Día 14.
Y, bueno, por si cabía alguna duda, si he dicho que el rock no me gusta, obviamente excluyo al heavy. Son músicas que, por sus ritmos muy marcados y demasiado percusivos para mi gusto, no me transmiten buenas vibraciones. Ahora, que jamás diré que el heavy es ruido, Dios me libre. Simplemente creo que hay muchos tipos de música para satisfacer a millones de personas que vivimos en este planeta, y el heavy a mí no me llega pero nada. A la gente que le guste, perfecto; a mí no me gusta. Fin.
Por eso y porque tampoco creo que la gente se espera que piense que ellos creen que la canción que definitivamente voy a dejar hoy aquí no me guste, voy a elegir el rocanrol (rock and roll en su original voz inglesa). Es un género que sí me gusta, no es precisamente el que me pasaría escuchando toda una tarde, pero sí que me gusta y bastante. Y no, tampoco voy a elegir al Rey del rocanrol ni a clásicos de los años 50. Me voy a decantar por un grupo español que decidió formarse para cantar canciones de este estilo de música, ellos son Vinila von Bismark and The Lucky Dados. Su álbum The secret carnival es un álbum que realmente me despierta el esqueleto y con el que me dan ganas de aprender a bailar ese baile tan difícil que es el rocanrol. Hay varias canciones que elegiría de ese álbum, y particularmente hay dos con las que me quedaría: Oh baby y Where's my sugar?... Pero creo que voy a conceder el honor de protagonizar mi Día 14 al tema Where's my sugar? que lo descubrí ya hace unos dos años y que me encantó nada más lo escuché. No sé si hay alguien que espere que me guste esta canción, pero si lo hay da lo mismo. No es el estilo de música al que tengo acostumbrado a la gente y a mí no solo me gusta, me encanta este temazo. Es vital y totalmente benefactor para todo aquel que quiera escucharlo.
Comienzo pues con un repaso en líneas generales por los estilos de la música...
El pop, el pop es un estilo que siempre me ha gustado y que se adecua bastante bien a mi personalidad. La Oreja de Van Gogh es pop, Mika es pop, Fredrika Stahl es jazz-pop (aunque su último álbum Sweep me away se acerca mucho, según mi visión, a la música alternativa), Mecano es el grupo pop español por excelencia... Así que no, el pop es algo que no puede entrar en este Día 14.
El rock... Realmente el rock sí que no me gusta nada, y es algo que la gente no se espera que ponga. Sí que hay algunas canciones que me gustan y que me resulta placentero escuchar en algunos momentos, pero las tengo tan oxidadas que, prácticamente, solo sé tararear algún fragmento de ellas y no me acuerdo casi ni de su título ni de su autor. Podría ponerme a investigar qué canciones son, pero como el rock no es mi estilo en absoluto, la gente se pensará que en mi Día 14 pondré algún éxito del rock, y tampoco quiero que mi Día 14 sea algo que pueda predecirse.
Tras el pop y el rock, que son los dos grandes estilos de la música, pocos quedan ya por explorar. Está el indie, cuyas canciones encuentro mucho más agradables que las de rock y que no sé si la gente esperará o no que me gusten. De indie (yo prefiero llamarlo música alternativa, vete tú a saber por qué) me gustan cosas de Vetusta Morla, del último álbum de Zahara (que yo lo considero alternativo y no pop como los anteriores), del último álbum de Vega (que es muy raro para lo que nos tiene acostumbrados a oír la artista cordobesa)... Pero quizá los más acérrimos seguidores del indie no consideran estas dos últimas aportaciones como música propiamente alternativa. El indie tampoco es que me convenza para poner en mi Día 14.
Y, bueno, por si cabía alguna duda, si he dicho que el rock no me gusta, obviamente excluyo al heavy. Son músicas que, por sus ritmos muy marcados y demasiado percusivos para mi gusto, no me transmiten buenas vibraciones. Ahora, que jamás diré que el heavy es ruido, Dios me libre. Simplemente creo que hay muchos tipos de música para satisfacer a millones de personas que vivimos en este planeta, y el heavy a mí no me llega pero nada. A la gente que le guste, perfecto; a mí no me gusta. Fin.
Por eso y porque tampoco creo que la gente se espera que piense que ellos creen que la canción que definitivamente voy a dejar hoy aquí no me guste, voy a elegir el rocanrol (rock and roll en su original voz inglesa). Es un género que sí me gusta, no es precisamente el que me pasaría escuchando toda una tarde, pero sí que me gusta y bastante. Y no, tampoco voy a elegir al Rey del rocanrol ni a clásicos de los años 50. Me voy a decantar por un grupo español que decidió formarse para cantar canciones de este estilo de música, ellos son Vinila von Bismark and The Lucky Dados. Su álbum The secret carnival es un álbum que realmente me despierta el esqueleto y con el que me dan ganas de aprender a bailar ese baile tan difícil que es el rocanrol. Hay varias canciones que elegiría de ese álbum, y particularmente hay dos con las que me quedaría: Oh baby y Where's my sugar?... Pero creo que voy a conceder el honor de protagonizar mi Día 14 al tema Where's my sugar? que lo descubrí ya hace unos dos años y que me encantó nada más lo escuché. No sé si hay alguien que espere que me guste esta canción, pero si lo hay da lo mismo. No es el estilo de música al que tengo acostumbrado a la gente y a mí no solo me gusta, me encanta este temazo. Es vital y totalmente benefactor para todo aquel que quiera escucharlo.
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martes, 31 de julio de 2012
Día 13 – Una canción que sea un placer prohibido.
No encuentro últimamente razones mejores para actualizar que el Proyecto, así que (y aunque he querido que mi Día 13 fuese mucho antes) una semana después de mi Día 12 vuelvo a pensar en mi música. Y, que me aspen, los días que se acercan del Proyecto no son nada fáciles. Hoy, sin ir más lejos, un placer prohibido... Placer, tengo muchas canciones que me resultan placenteras pero ¿prohibido?... Realmente ¿qué se quiere decir con prohibido?... Puesto que no tengo al creador o creadora del Proyecto a mi lado en estos momentos, y dudo que pueda comunicarme con él o ella en un espacio de tiempo razonable, me tomaré la justicia por mi mano. Un placer prohibido...
Creo que ya la tengo. Como siempre me pasa, en mi cabeza se han mezclado varias posibilidades, muchas de La Oreja de Van Gogh, alguna que otra de Zahara o Fredrika Stahl... Pero finalmente he decidido decantarme por una auténtica obra de arte de un genio italiano del piano, ese instrumento que llevo en el corazón y que tan difícil me resulta dado a que mis dotes interpretativas en el instrumento de blanco y negro, considero, no son adecuadas ni de lejos. La "canción" (mejor dicho obra) es de Giovanni Allevi, cuyo álbum Alien adquirí en Siracusa, mágica ciudad siciliana, en mi reciente viaje en este mes que hoy acaba. Por si fuera poco Giovanni y Johann son el mismo nombre en diferentes idiomas, así que somos tocayos. La música elegida en cuestión es Go with the flow de su álbum No concept. Recomiendo todas las obras de este verdadero artista, pero esta en especial. Para mí, es un placer prohibido porque estas notas de piano me hacen recordar cualquier momento de mi vida pasada, y lo recuerdo siempre con una nostalgia de esas que hasta pueden hacerte llorar con una sonrisa en la boca. Miles de personas, miles de vivencias, miles de risas y de diversiones que parecían no tener fin y que lo tuvieron. Muchas cosas efímeras me vienen a la cabeza con Go with the flow. Os invito a que la escuchéis y penséis en cosas que os hayan hecho muy felices y que sepáis que van a terminar, cosas que disfrutasteis un montón con personas que queréis mucho y que ya no podéis volver a revivir, porque eso es "ir con la corriente", "go with the flow"...: no dejar nunca de vivir, de caminar en esta sucesión de circunstancias que es la vida, pero pudiendo mirar atrás de vez en cuando y sonreír con morriña al recordar el tiempo que ya no volverá.
Creo que ya la tengo. Como siempre me pasa, en mi cabeza se han mezclado varias posibilidades, muchas de La Oreja de Van Gogh, alguna que otra de Zahara o Fredrika Stahl... Pero finalmente he decidido decantarme por una auténtica obra de arte de un genio italiano del piano, ese instrumento que llevo en el corazón y que tan difícil me resulta dado a que mis dotes interpretativas en el instrumento de blanco y negro, considero, no son adecuadas ni de lejos. La "canción" (mejor dicho obra) es de Giovanni Allevi, cuyo álbum Alien adquirí en Siracusa, mágica ciudad siciliana, en mi reciente viaje en este mes que hoy acaba. Por si fuera poco Giovanni y Johann son el mismo nombre en diferentes idiomas, así que somos tocayos. La música elegida en cuestión es Go with the flow de su álbum No concept. Recomiendo todas las obras de este verdadero artista, pero esta en especial. Para mí, es un placer prohibido porque estas notas de piano me hacen recordar cualquier momento de mi vida pasada, y lo recuerdo siempre con una nostalgia de esas que hasta pueden hacerte llorar con una sonrisa en la boca. Miles de personas, miles de vivencias, miles de risas y de diversiones que parecían no tener fin y que lo tuvieron. Muchas cosas efímeras me vienen a la cabeza con Go with the flow. Os invito a que la escuchéis y penséis en cosas que os hayan hecho muy felices y que sepáis que van a terminar, cosas que disfrutasteis un montón con personas que queréis mucho y que ya no podéis volver a revivir, porque eso es "ir con la corriente", "go with the flow"...: no dejar nunca de vivir, de caminar en esta sucesión de circunstancias que es la vida, pero pudiendo mirar atrás de vez en cuando y sonreír con morriña al recordar el tiempo que ya no volverá.
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martes, 24 de julio de 2012
Día 12 – Una canción de un grupo que odies.
Tantos días de barbecho en este tema que ya casi ni me acuerdo de cuántos. Estamos ya a veintitrés de julio y, aunque me pese, en nada va a volver a empezar la vorágine de los estudios. Por eso, ya vuelto de Italia, he decidido que ya es hora de retomar el Proyecto porque pretendo terminarlo antes de empezar el temido 2.º de Bachillerato.
No me gustan especialmente los días en los que el Proyecto me pide que desmerezca a un solista o a una agrupación, pero como veis, no me deja otra alternativa. Mi anterior desmerecimiento así en mayúsculas fue para Rebecca Black y su My moment (a la que sigo aborreciendo) y ahora me gustaría mucho poder aplastar con duras (y muchas verdaderas) palabras la totalmente asquerosa canción de Boyfriend de Justin Bieber. Por Dios, ¿alguien le puede decir a ese chico que porque se crea tres años más mayor, porque conduzca un coche vestido de canipijo y porque ruede sus videoclips en New York City con la luz anaranjada del atardecer que tan orgásmica queda en un edificio de la Gran Manzana, no va a ser guay ni a cantar algo que siga sin pitarnos los oídos? Seguro que hay bastantes personas que se lo han dicho, pero seguro que él solo ha entendido: <<Te amo Justin>>. Pobre chico, tampoco le podemos pedir mucho cuando no sabe ni si Alemania es un país, un supermercado o una marca de dentífrico. Y siempre he dicho que porque un cantante haga música que no me gusta no hay por qué desmerecerlo y meterse con él, pero he de reconocer que Bieber me saca de mis casillas.
Bueno, tras mucho pensar (porque, que digamos, los grupos suelen estar bastante mejor que los solistas en muchos casos, quizá por que nadie en su sano juicio quiera formar una agrupación con Black o Bieber) he elegido un grupo español que tuvo un hit nacional en el verano (no sé si traspasó o no fronteras, la verdad) pero que luego se fue deteriorando muchísimo. Sinceramente, el primer hit tampoco era nada bueno, pero se puso de moda y todo el mundo sabía cantar su estribillo sin sentido (cuyos acordes fueron sacados de una ópera). Nos representaron en el festival de Eurovisión de 2006, y claro, España quedó 4.ª por la cola. Este fantástico grupo del país se llama Las Ketchup. Sí, no denostaré su famoso Aserejé porque he de reconocer que yo mismo lo bailé en las fiestas de mi colegio en la categoría de play-back con unos cuantos amigos. No recuerdo si ganamos o no algún premiecillo, pero bueno. La canción que denostaré es, precisamente, esa que abanderó a España en el festival eurovisivo de 2006 que se celebró en Atenas... Y esa canción es Un blodymary. El vídeo que voy a poner es, más concretamente, cómo cantaron en directo en Eurovisión las cuatro (antes tres) componentes del grupo. Y no voy a apuntar por qué no me gusta la canción, tan solo dadle al 'play' y juzgad vosotros mismos.
No me gustan especialmente los días en los que el Proyecto me pide que desmerezca a un solista o a una agrupación, pero como veis, no me deja otra alternativa. Mi anterior desmerecimiento así en mayúsculas fue para Rebecca Black y su My moment (a la que sigo aborreciendo) y ahora me gustaría mucho poder aplastar con duras (y muchas verdaderas) palabras la totalmente asquerosa canción de Boyfriend de Justin Bieber. Por Dios, ¿alguien le puede decir a ese chico que porque se crea tres años más mayor, porque conduzca un coche vestido de canipijo y porque ruede sus videoclips en New York City con la luz anaranjada del atardecer que tan orgásmica queda en un edificio de la Gran Manzana, no va a ser guay ni a cantar algo que siga sin pitarnos los oídos? Seguro que hay bastantes personas que se lo han dicho, pero seguro que él solo ha entendido: <<Te amo Justin>>. Pobre chico, tampoco le podemos pedir mucho cuando no sabe ni si Alemania es un país, un supermercado o una marca de dentífrico. Y siempre he dicho que porque un cantante haga música que no me gusta no hay por qué desmerecerlo y meterse con él, pero he de reconocer que Bieber me saca de mis casillas.
Bueno, tras mucho pensar (porque, que digamos, los grupos suelen estar bastante mejor que los solistas en muchos casos, quizá por que nadie en su sano juicio quiera formar una agrupación con Black o Bieber) he elegido un grupo español que tuvo un hit nacional en el verano (no sé si traspasó o no fronteras, la verdad) pero que luego se fue deteriorando muchísimo. Sinceramente, el primer hit tampoco era nada bueno, pero se puso de moda y todo el mundo sabía cantar su estribillo sin sentido (cuyos acordes fueron sacados de una ópera). Nos representaron en el festival de Eurovisión de 2006, y claro, España quedó 4.ª por la cola. Este fantástico grupo del país se llama Las Ketchup. Sí, no denostaré su famoso Aserejé porque he de reconocer que yo mismo lo bailé en las fiestas de mi colegio en la categoría de play-back con unos cuantos amigos. No recuerdo si ganamos o no algún premiecillo, pero bueno. La canción que denostaré es, precisamente, esa que abanderó a España en el festival eurovisivo de 2006 que se celebró en Atenas... Y esa canción es Un blodymary. El vídeo que voy a poner es, más concretamente, cómo cantaron en directo en Eurovisión las cuatro (antes tres) componentes del grupo. Y no voy a apuntar por qué no me gusta la canción, tan solo dadle al 'play' y juzgad vosotros mismos.
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viernes, 20 de julio de 2012
Ciao, Italia!
Bueno, pues ya está. Finito. El viaje a Sicilia ha tocado a su fin. Estoy ahora en Palermo, una de las ciudades en las que me he sentido más inseguro de toda mi vida. Por el día, es una ciudad como otra cualquiera, muy desordenada, mucho tráfico y mucha gente eso sí, pero bueno, tampoco algo muy anormal. Cuando la noche se cierne sobre la antigua e histórica capital de la isla, cambia radicalmente. Por las calles el ambiente se puede cortar con un cuchillo. Caminas por la calle y cruzas miradas con los viandantes, miradas de miedo e inseguridad en las que no sabes a quién estas mirando a los ojos, quizá a uno de los mafiosos más imponentes de Italia. Lo cierto es que sí da miedo, aunque tampoco quiero emparanoiarme con historietas de no dormir.
Verdaderamente, Sicilia me ha gustado. Me ha gustado mucho. Pero, si me tengo que quedar con algo... Probablemente me quedase con Siracusa, la ciudad natal del inteligentísimo archiconocido científico Arquímedes. Tampoco renunciaría ni a Noto ni a Ragusa, dos ciudades que realmente me han prendado, pero Siracusa tiene otra atmósfera diferente. El Barroco siciliano es uno de los más bonitos (aunque, cómo no, recargados) y la gente, en general, es muy mediterránea: vividora, amable, muy atractiva y sonriente. He visto paisajes que me han impresionado, he vivido momentos que ya no voy a olvidar y, por qué no, he aprendido a chapurrear mínimamente el italiano... Sicilia es una isla que ha pertenecido durante muchos años a los españoles, primero con el Reino de Aragón y luego con el Imperio Español, y aunque no valoren especialmente la cultura española (por no decir que hasta la desprecian un poquito), sí que se hacen notar algunos rasgos de nuestros casi 500 años aquí en estatuas de algunos reyes, algunas inscripciones españolas, nombres de calles en perfecto castellano o movimientos artísticos que solo afectaron al dominio hispano. La gastronomía es exquisita, por supuesto. Estando en Italia, difícil es comer mal. Pasta y pizza para todos; miles de variedades de espaguetis y macarrones, y otras tantas de pizzas... Aunque, en este viaje, yo me he decantado por los primeros en sus distintas formas.
En definitiva, me he prometido volver a Sicilia... pero en invierno u otoño, eso sí (el calor que he pasado ha sido instructor). Sicilia es una tierra bastante mágica, aunque no puedas despegar el ojo de ti mismo en ningún momento. Sicilia reúne muchas culturas en ella, reúne no pocos paisajes y un acervo cultural y artístico abrumador. Recomiendo Sicilia. Aunque, personalmente, en mi próximo viaje evitaré Catania (al menos visitaré solo las dos plazas bonitas que tiene, y me iré poniendo pies en polvorosa), la horrible ciudad de Agrigento (aunque no evitaré el majestuoso Valle de los Templos que se extiende en la colina que está frente a esta) y me tendré que pensar cuántas noches exactamente paso en Palermo. El sur es precioso, el norte también (Cefalù, ciudad cuyo nombre podría ser perfectamente el de un simpático dibujo animado de un cefalópodo creado por el afamado Walter Disney, es la perla del norte siciliano en mi opinión), y he probado la experiencia de bañarme en el mar Jónico (cuyas olas azotan el este de la isla) que es una delicia.
Pues bueno, ya es hora de meterse en la cama a dormir tranquilamente para pegarse el madrugón mañana que me llevará volando hasta Madrid, donde entenderé al 100% todas los anuncios, las informaciones y un largo etcétera; que me llevará de vuelta a mi hogareña España. Volveré a Sicilia, no sé ni cuándo ni con quién, pero volveré; estoy seguro.
Verdaderamente, Sicilia me ha gustado. Me ha gustado mucho. Pero, si me tengo que quedar con algo... Probablemente me quedase con Siracusa, la ciudad natal del inteligentísimo archiconocido científico Arquímedes. Tampoco renunciaría ni a Noto ni a Ragusa, dos ciudades que realmente me han prendado, pero Siracusa tiene otra atmósfera diferente. El Barroco siciliano es uno de los más bonitos (aunque, cómo no, recargados) y la gente, en general, es muy mediterránea: vividora, amable, muy atractiva y sonriente. He visto paisajes que me han impresionado, he vivido momentos que ya no voy a olvidar y, por qué no, he aprendido a chapurrear mínimamente el italiano... Sicilia es una isla que ha pertenecido durante muchos años a los españoles, primero con el Reino de Aragón y luego con el Imperio Español, y aunque no valoren especialmente la cultura española (por no decir que hasta la desprecian un poquito), sí que se hacen notar algunos rasgos de nuestros casi 500 años aquí en estatuas de algunos reyes, algunas inscripciones españolas, nombres de calles en perfecto castellano o movimientos artísticos que solo afectaron al dominio hispano. La gastronomía es exquisita, por supuesto. Estando en Italia, difícil es comer mal. Pasta y pizza para todos; miles de variedades de espaguetis y macarrones, y otras tantas de pizzas... Aunque, en este viaje, yo me he decantado por los primeros en sus distintas formas.
En definitiva, me he prometido volver a Sicilia... pero en invierno u otoño, eso sí (el calor que he pasado ha sido instructor). Sicilia es una tierra bastante mágica, aunque no puedas despegar el ojo de ti mismo en ningún momento. Sicilia reúne muchas culturas en ella, reúne no pocos paisajes y un acervo cultural y artístico abrumador. Recomiendo Sicilia. Aunque, personalmente, en mi próximo viaje evitaré Catania (al menos visitaré solo las dos plazas bonitas que tiene, y me iré poniendo pies en polvorosa), la horrible ciudad de Agrigento (aunque no evitaré el majestuoso Valle de los Templos que se extiende en la colina que está frente a esta) y me tendré que pensar cuántas noches exactamente paso en Palermo. El sur es precioso, el norte también (Cefalù, ciudad cuyo nombre podría ser perfectamente el de un simpático dibujo animado de un cefalópodo creado por el afamado Walter Disney, es la perla del norte siciliano en mi opinión), y he probado la experiencia de bañarme en el mar Jónico (cuyas olas azotan el este de la isla) que es una delicia.
Pues bueno, ya es hora de meterse en la cama a dormir tranquilamente para pegarse el madrugón mañana que me llevará volando hasta Madrid, donde entenderé al 100% todas los anuncios, las informaciones y un largo etcétera; que me llevará de vuelta a mi hogareña España. Volveré a Sicilia, no sé ni cuándo ni con quién, pero volveré; estoy seguro.
miércoles, 18 de julio de 2012
La droga de la insensatez.
Sigo aquí, entre colinas y valles de Sicilia. Y, también, no puedo quitarme de la cabeza lo que ocurrió con la gran nave espacial que ya relaté aquí anteriormente, y no sé si quiera qué hace ella porque, pese a que aterrizó en Agrigento, se fue rápidamente de vuelta y no ha vuelto a dar señales de vida. En fin, supongo que cuando empiezas a arreglarte un poco, hay algo que te machaca más. Pero no quiero hablar de eso.
Hoy he hecho algo que, realmente, me ha gustado hacer. Me he regido por la máxima "si no haces algo, te arrepentirás toda tu vida" o "no pierdes nada", y cosas del estilo. No sé si sería ético poner exactamente lo que he hecho aquí, en P-êM, algo que siempre trato de hacer mágico en la medida de lo posible, por eso prefiero omitirlo y ahorrarme meteduras de pata. Pero es algo que me ha hecho tener la adrenalina a flor de piel, algo que me hizo montarme una paja mental impresionante para no llevarme a ningún lado, como siempre..., algo que pese a su casi invalidez, me gustó hacer, y gracias a lo que me sentí un poco más vivo. Soñé cosas bonitas con ello y me gustaron, pero eran demasiado bonitas como para poder llegar a ser realidad (al menos llegar a ser realidad para mí, Johann, un ser totalmente amargo en cuanto a los temas con los que, en mayor o menor medida, tenía que ver este asunto que me he traído entre manos). Y aunque la vida está llena de triunfadores, gente que ha tenido catorce mil personas a sus pies, que ha hecho prácticamente de todo a cierta edad y que es, a todas luces, mucho más experta que yo; hoy me he sentido un poquitito el centro de una vida más que la mía propia. Y, por supuesto, no ha sido así ni de lejos, pero ahí se queda lo sentido, guardadito dentro de mí; aunque también se queda la certeza de saber que lo sentido no se asimila a lo real.
Y hay gente que se empeña en decir que lo hace casi todo bien. Y hay gente que se empeña en decir que no se dan cuenta cuando lo hacen mal. Y hay gente que se empeña en no reconocer los errores que llevan a un punto determinado. Bien. Yo hoy reconozco que he hecho algo insensato, irracional y pasionario. Puede que haya sido un error, tampoco sabré nunca si ha sido un acierto. Pero me ha gustado la experiencia; supongo que eso es lo que cuenta.
Hoy he hecho algo que, realmente, me ha gustado hacer. Me he regido por la máxima "si no haces algo, te arrepentirás toda tu vida" o "no pierdes nada", y cosas del estilo. No sé si sería ético poner exactamente lo que he hecho aquí, en P-êM, algo que siempre trato de hacer mágico en la medida de lo posible, por eso prefiero omitirlo y ahorrarme meteduras de pata. Pero es algo que me ha hecho tener la adrenalina a flor de piel, algo que me hizo montarme una paja mental impresionante para no llevarme a ningún lado, como siempre..., algo que pese a su casi invalidez, me gustó hacer, y gracias a lo que me sentí un poco más vivo. Soñé cosas bonitas con ello y me gustaron, pero eran demasiado bonitas como para poder llegar a ser realidad (al menos llegar a ser realidad para mí, Johann, un ser totalmente amargo en cuanto a los temas con los que, en mayor o menor medida, tenía que ver este asunto que me he traído entre manos). Y aunque la vida está llena de triunfadores, gente que ha tenido catorce mil personas a sus pies, que ha hecho prácticamente de todo a cierta edad y que es, a todas luces, mucho más experta que yo; hoy me he sentido un poquitito el centro de una vida más que la mía propia. Y, por supuesto, no ha sido así ni de lejos, pero ahí se queda lo sentido, guardadito dentro de mí; aunque también se queda la certeza de saber que lo sentido no se asimila a lo real.
Y hay gente que se empeña en decir que lo hace casi todo bien. Y hay gente que se empeña en decir que no se dan cuenta cuando lo hacen mal. Y hay gente que se empeña en no reconocer los errores que llevan a un punto determinado. Bien. Yo hoy reconozco que he hecho algo insensato, irracional y pasionario. Puede que haya sido un error, tampoco sabré nunca si ha sido un acierto. Pero me ha gustado la experiencia; supongo que eso es lo que cuenta.
martes, 17 de julio de 2012
Está de moda ser fuerte, decir que estás destrozado por dentro y que, pese a ello, siempre le das una sonrisa al mundo.
Un dinosaurio me recomendó venir a Italia para olvidarme de todo, para dejar en barbecho mi mente durante un buen espacio de tiempo y poder realmente relajarme de todo lo vivido durante el curso. Y aquí estoy, en una villa preciosa en el medio del campo siciliano, disfrutando de la belleza inconmensurable de esta joya del Mediterráneo. Varias ciudades he visitado, me he prometido volver a unas cuantas e incluso me he planteado con quién hacer el próximo viaje a ellas. Ciudades y lugares que me han cautivado totalmente como Siracusa, Noto y Ragusa. Urbes con un encanto más que especial, que me han hechizado como me hechizó Asís, allá por 2008, cuando vine por primera vez al país ítalo.
Y, siguiendo la recomendación del dinosaurio, me estaba olvidando de todo, menos de él, de unas frutas perdidas por la huerta y un par de amigos más. Y cuando estaba todo en calma dentro de mí, así, como de la nada, aterrizó en Agrigento (ciudad realmente horrible, solo se salva el Valle de los Templos, que es una exquisitez para la vista, y que está muy a las afueras) una nave espacial gigantesca, que me cegó totalmente con su luz. Venía de algo más lejos que el espacio universal sideral conocido y traía mensajes, palabras y montones de letras que, aparentemente, no significaban nada. Sin esfuerzo apenas, se fueron ordenando poco a poco hasta formar pedazos de información totalmente claros y directos, que venían hacia mí. Y, si varias veces afirmé que al mundo actual no lo entiendo, ahora se me cayó todo por su propio peso. Digamos que, había enriquecido esa misma nave espacial con millones de alhajas procedentes de los rincones más inhóspitos de la Tierra, había intentado hacer de ella algo parecido a un hogar cálido en el que siempre poder refugiarme, pero pese a ello, la nave espacial nunca había querido albergarme en su seno por más de unos pocos minutos. Tuve mis problemas con ella, hasta que decidí dejar de alimentarla de carburante y combustible como siempre hacía para, al menos, ahorrarme disgustos cada vez que no me dejaba traspasar sus compuertas para cobijarme bajo su techo. Curiosamente, la nave se comportó de maneras totalmente extrañas y casi opuestas, dejándome sin un hálito de entendimiento, hasta que me di cuenta de que me había mareado tanto y me había llevado tantos chascos sin razón alguna, que ya me daba igual que no quisiera tenerme. Había encontrado otras naves diferentes e incluso más ricas y más grandes que sí querían guardarme y yo, tan obsesionado por intentar ganarme la gran nave, las había ignorado sin querer. Decidí entonces preocuparme un poquito más por esas naves espaciales que me ofrecían mundos distintos y no menos acogedores en su interior. Pero, así, de pronto, la gran nave volvió, como os dije, aterrizó a unos kilómetros de Agrigento, en Sicilia, para recriminarme que la había abandonado y que ella estaba siempre dispuesta, que si había hecho algo mal lo había hecho sin querer, y que ella tenía razón porque era muy experta en esos temas, y porque bla bla bla bla... Me quedé tan desesperanzado que no supe ni siquiera qué hacer. Respiré hondo y traté de olvidarme otra vez de todo..., una vez, y otra vez, y una más... Pero no logré hacerlo, todo seguía dándome vueltas en mi cabeza, como un gran torbellino del espacio tiempo que no paraba de remover en mi cabeza lo sucedido con la gran nave espacial. Y claro, son naves espaciales, tampoco pueden hablar como yo estoy relatando, pero yo sí que puedo ver lo que quieren decirme...
Y, estoy más perdido que una aguja en un pajar. No sé qué hacer. No sé por qué el mundo se empeña en darme la espalda una y otra vez, y porque yo le enseñe el culo también, no es posible que dé una a derechas. Pero bueno, será que es mi karma, mi destino, o mi carta de astrolabio personificada, yo qué sé. Y ahora está de moda eso de pasarlo mal en casa y luego mostrar una sonrisa al mundo, de ser un desgraciado y tener los mil males y ser muy positivo y quejarse solo en estados de Tuenti, o en tuits en Twitter, diciendo cosas que conmueven el alma. Pero yo ya me cansé, y no voy a negar que quizá seguí la moda pensando que me venía como anillo al dedo, que lo pasé mal en la época de querer conseguir esa gran nave espacial... Pero ahora no necesito decir que no estoy bien, pero tampoco estoy mal. Solo estoy tremendamente desorientado, ciego y sin lazarillo. No sé si estoy caminando hacia un precipicio infinito o hacia el palacio más bello que jamás se construyó.
Y, siguiendo la recomendación del dinosaurio, me estaba olvidando de todo, menos de él, de unas frutas perdidas por la huerta y un par de amigos más. Y cuando estaba todo en calma dentro de mí, así, como de la nada, aterrizó en Agrigento (ciudad realmente horrible, solo se salva el Valle de los Templos, que es una exquisitez para la vista, y que está muy a las afueras) una nave espacial gigantesca, que me cegó totalmente con su luz. Venía de algo más lejos que el espacio universal sideral conocido y traía mensajes, palabras y montones de letras que, aparentemente, no significaban nada. Sin esfuerzo apenas, se fueron ordenando poco a poco hasta formar pedazos de información totalmente claros y directos, que venían hacia mí. Y, si varias veces afirmé que al mundo actual no lo entiendo, ahora se me cayó todo por su propio peso. Digamos que, había enriquecido esa misma nave espacial con millones de alhajas procedentes de los rincones más inhóspitos de la Tierra, había intentado hacer de ella algo parecido a un hogar cálido en el que siempre poder refugiarme, pero pese a ello, la nave espacial nunca había querido albergarme en su seno por más de unos pocos minutos. Tuve mis problemas con ella, hasta que decidí dejar de alimentarla de carburante y combustible como siempre hacía para, al menos, ahorrarme disgustos cada vez que no me dejaba traspasar sus compuertas para cobijarme bajo su techo. Curiosamente, la nave se comportó de maneras totalmente extrañas y casi opuestas, dejándome sin un hálito de entendimiento, hasta que me di cuenta de que me había mareado tanto y me había llevado tantos chascos sin razón alguna, que ya me daba igual que no quisiera tenerme. Había encontrado otras naves diferentes e incluso más ricas y más grandes que sí querían guardarme y yo, tan obsesionado por intentar ganarme la gran nave, las había ignorado sin querer. Decidí entonces preocuparme un poquito más por esas naves espaciales que me ofrecían mundos distintos y no menos acogedores en su interior. Pero, así, de pronto, la gran nave volvió, como os dije, aterrizó a unos kilómetros de Agrigento, en Sicilia, para recriminarme que la había abandonado y que ella estaba siempre dispuesta, que si había hecho algo mal lo había hecho sin querer, y que ella tenía razón porque era muy experta en esos temas, y porque bla bla bla bla... Me quedé tan desesperanzado que no supe ni siquiera qué hacer. Respiré hondo y traté de olvidarme otra vez de todo..., una vez, y otra vez, y una más... Pero no logré hacerlo, todo seguía dándome vueltas en mi cabeza, como un gran torbellino del espacio tiempo que no paraba de remover en mi cabeza lo sucedido con la gran nave espacial. Y claro, son naves espaciales, tampoco pueden hablar como yo estoy relatando, pero yo sí que puedo ver lo que quieren decirme...
Y, estoy más perdido que una aguja en un pajar. No sé qué hacer. No sé por qué el mundo se empeña en darme la espalda una y otra vez, y porque yo le enseñe el culo también, no es posible que dé una a derechas. Pero bueno, será que es mi karma, mi destino, o mi carta de astrolabio personificada, yo qué sé. Y ahora está de moda eso de pasarlo mal en casa y luego mostrar una sonrisa al mundo, de ser un desgraciado y tener los mil males y ser muy positivo y quejarse solo en estados de Tuenti, o en tuits en Twitter, diciendo cosas que conmueven el alma. Pero yo ya me cansé, y no voy a negar que quizá seguí la moda pensando que me venía como anillo al dedo, que lo pasé mal en la época de querer conseguir esa gran nave espacial... Pero ahora no necesito decir que no estoy bien, pero tampoco estoy mal. Solo estoy tremendamente desorientado, ciego y sin lazarillo. No sé si estoy caminando hacia un precipicio infinito o hacia el palacio más bello que jamás se construyó.
viernes, 13 de julio de 2012
Hoy no me puedo levantar.
El día 5 de junio fui a ver el fantástico y asombroso musical Hoy no me puedo levantar. Y he tardado tanto en escribir este testimonio en P-êM porque he estado disfrutando cada segundo con sus recuerdos después de haberlo visto. Qué genialidad, qué perfección, qué grandísima obra de arte. Todo es perfecto en Hoy no me puedo levantar. La historia, los sentimientos, los personajes. Risas, lágrimas, canciones, saltos, gritos, hay espacio para todas las emociones que te puedas imaginar en este musical.
Madrid, 1981, Mario y Colate salen de su pueblo a Madrid, en busca de una vida diferente. Franco ha muerto hace poco más de cinco años y España respira libertad. Madrid, como centro, empieza a gestar un movimiento cultural y social que permanecerá escrito para siempre en la Historia: la Movida, la Movida Madrileña. La Movida que tantas cosas hizo y tan diferentes. Los años 80, que fueron los más representativos. Mario y Colate consiguen trabajo en el bar 33, conocen a Anselmo, a María, a Panchi, a Guillermo. Hoy no me puedo levantar es un fiel reflejo de la sociedad ochentera, los 80 en carne viva: artistas que dejan su grupo de toda la vida por fama y dinero, gais que empiezan a atreverse a vivir el amor como lo sienten, travestis que salen a la calle vestidos como realmente les gusta, chicos despistados que caen irremediablemente en las drogas para acabar contrayendo enfermedades incurables... La música, el amor, Madrid..., envuelven todo bajo su perspectiva y su escenario. Y todo se hila gracias a las canciones del grupo español más exitoso de todos los tiempos, un grupo que marcó el pop español y que resumió toda la Movida Madrileña en sus canciones: Mecano. Ana Torroja y los hermanos José y Nacho Cano dibujaron con su música toda una era, su música exacta, sensual, certera, reivindicativa, suave, extraña y, sobre todo, bonita. Mecano, para mí, tiene un gusto excelente al conjuntar letra y acordes de un modo inteligente que solo ellos saben hacer, para que Ana termine de darle ese toque con su voz más que particular. Hoy no me puedo levantar se concibe para homenajear a este mitiquísimo grupo español de los 80. Canciones como la propia Hoy no me puedo levantar que da nombre al muscial, Cruz de navajas, Aire, Mujer contra mujer, Vivimos siempre juntos, Un año más, El 7 de septiembre..., que hicieron de Mecano el éxito en mayúsculas no pudieron faltar en esta perfecta obra musical que, gracias a estos temas, se acerca al público y nos mima con los acordes y las letras tan sentidos.
Y es que Hoy no me puedo levantar nos enseña mucho. Aparte de todo el bagage cómico que lo acompaña, tiene un fondo realmente instructor. Es capaz de llegar al último recodo de tu corazón para estremecerlo de un batacazo, para enseñarte cosas que ya sabías y cosas que realmente es importante tener en mente. Te enseña a nunca abandonar a los tuyos, aunque haya personas y oportunidades que parezcan más golosas, porque cuando te des cuenta de que los abandonaste, te verás vacío. Te enseña que los amigos de verdad siempre estarán ahí, aunque les hayas hecho daño, aunque les hayas abandonado, aunque te hayan perdido. Te enseña que no hay por qué esconderse, que aquellos que te quieren de verdad serán capaces de cambiar por ti y de verte tal y como eres. Te enseña que hay que mantenerse firme en ciertos casos, seguro de sí mismo, que Madrid es un cúmulo de oportunidades pero también de infortunio, que hay que andar con pies de plomo para no caer al precipicio. Te enseña a perseguir tus sueños, cueste lo que cueste, con constancia y con tesón, creyendo en ti mismo, aunque tengas obstáculos... Creo que todos deberíamos verlo, porque a muchos estoy seguro de que les abrirá los ojos. No creo que Hoy no me puedo levantar deje a alguien indiferente, porque realmente es un musical demasiado impresionante, abrumador, bonito, espectacular, especial... BRAVO.
Vedlo, por vosotros, por los que están a vuestro alrededor... Pero sobre todo por vuestro corazón: para darle un deleite y para que le permitáis que grite lo que de verdad siente por un momento.
Madrid, 1981, Mario y Colate salen de su pueblo a Madrid, en busca de una vida diferente. Franco ha muerto hace poco más de cinco años y España respira libertad. Madrid, como centro, empieza a gestar un movimiento cultural y social que permanecerá escrito para siempre en la Historia: la Movida, la Movida Madrileña. La Movida que tantas cosas hizo y tan diferentes. Los años 80, que fueron los más representativos. Mario y Colate consiguen trabajo en el bar 33, conocen a Anselmo, a María, a Panchi, a Guillermo. Hoy no me puedo levantar es un fiel reflejo de la sociedad ochentera, los 80 en carne viva: artistas que dejan su grupo de toda la vida por fama y dinero, gais que empiezan a atreverse a vivir el amor como lo sienten, travestis que salen a la calle vestidos como realmente les gusta, chicos despistados que caen irremediablemente en las drogas para acabar contrayendo enfermedades incurables... La música, el amor, Madrid..., envuelven todo bajo su perspectiva y su escenario. Y todo se hila gracias a las canciones del grupo español más exitoso de todos los tiempos, un grupo que marcó el pop español y que resumió toda la Movida Madrileña en sus canciones: Mecano. Ana Torroja y los hermanos José y Nacho Cano dibujaron con su música toda una era, su música exacta, sensual, certera, reivindicativa, suave, extraña y, sobre todo, bonita. Mecano, para mí, tiene un gusto excelente al conjuntar letra y acordes de un modo inteligente que solo ellos saben hacer, para que Ana termine de darle ese toque con su voz más que particular. Hoy no me puedo levantar se concibe para homenajear a este mitiquísimo grupo español de los 80. Canciones como la propia Hoy no me puedo levantar que da nombre al muscial, Cruz de navajas, Aire, Mujer contra mujer, Vivimos siempre juntos, Un año más, El 7 de septiembre..., que hicieron de Mecano el éxito en mayúsculas no pudieron faltar en esta perfecta obra musical que, gracias a estos temas, se acerca al público y nos mima con los acordes y las letras tan sentidos.
Y es que Hoy no me puedo levantar nos enseña mucho. Aparte de todo el bagage cómico que lo acompaña, tiene un fondo realmente instructor. Es capaz de llegar al último recodo de tu corazón para estremecerlo de un batacazo, para enseñarte cosas que ya sabías y cosas que realmente es importante tener en mente. Te enseña a nunca abandonar a los tuyos, aunque haya personas y oportunidades que parezcan más golosas, porque cuando te des cuenta de que los abandonaste, te verás vacío. Te enseña que los amigos de verdad siempre estarán ahí, aunque les hayas hecho daño, aunque les hayas abandonado, aunque te hayan perdido. Te enseña que no hay por qué esconderse, que aquellos que te quieren de verdad serán capaces de cambiar por ti y de verte tal y como eres. Te enseña que hay que mantenerse firme en ciertos casos, seguro de sí mismo, que Madrid es un cúmulo de oportunidades pero también de infortunio, que hay que andar con pies de plomo para no caer al precipicio. Te enseña a perseguir tus sueños, cueste lo que cueste, con constancia y con tesón, creyendo en ti mismo, aunque tengas obstáculos... Creo que todos deberíamos verlo, porque a muchos estoy seguro de que les abrirá los ojos. No creo que Hoy no me puedo levantar deje a alguien indiferente, porque realmente es un musical demasiado impresionante, abrumador, bonito, espectacular, especial... BRAVO.
Vedlo, por vosotros, por los que están a vuestro alrededor... Pero sobre todo por vuestro corazón: para darle un deleite y para que le permitáis que grite lo que de verdad siente por un momento.
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